Es difícil decir lo que quiero decir
es penoso negar lo que quiero negar

mejor no lo digo
mejor no lo niego.

Mario Benedetti. "EL PUSILÁNIME",
de "El olvido está lleno de memoria".

Mostrando entradas con la etiqueta ERRORES SIN MARCHA ATRÁS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ERRORES SIN MARCHA ATRÁS. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de julio de 2016

Como yo te he soñado

He enterrado el hacha de guerra conmigo misma, pero también contigo.
He entendido que la vida hila fino, fino teje y no mata, por mucho que desangre.
Yo, paso a paso, voy encontrándome en el lugar correcto mientras tú, brinco a brinco, te alejas.
Y no es malo, supongo. Fuimos noche y día, fuimos fuego y hielo, pólvora y bala, fuimos todo y nada. Lo fuimos todo, a lo bicéfalo, aunque hoy seamos sólo esto que nos queda.

Y sin embargo…
…hoy he encontrado viejas palabras nuestras, he sentido de golpe toda la magnitud de lo que fuimos, el ímpetu de las olas rompiendo contra aquella arena, y no entiendo cómo pudo cabernos tanto adentro, cómo puede haberse vuelto tan liviano, tan borroso, que si no me esfuerzo no recuerdo lo que era morir -morir de ti, y en ti- y el corazón como una bomba siempre a punto de perder la cuenta.

Y no es malo, supongo, dejarlo ir, aunque tengo claro
que como yo te he soñado no habrá en mi mundo ya más sueños, 
ni siquiera cuando esté despierta, 
y como yo te he querido sé que no se volverá a querer sobre la faz de la tierra, 
ni en esta vida ni en ninguna de las venideras.




Suena: "I was a cloud", y tú en Shearwater, siempre.

martes, 18 de septiembre de 2012

Reloj de arena



Sigue dejando escapar la arena
y haciendo de cada grano una soga  con la que colgarte,
que acaso colgada estarás más tranquila, más en calma.

Habrás ganado una nada en la que bañarte,
un mar en el que  culparte cuando –ya tarde-
no quieras estar más tranquila, más en calma,
y un silencio no querido  que te abra la carne a cuchilladas
cuando a una palabra tuya te baje helado por la espalda.


lunes, 26 de diciembre de 2011

Al son del tambor

El destino tiene una forma curiosa de hacer y deshacer,

de enmendar (o remendar más bien) los cabos sueltos,

y a ti te lió hambriento la manta a la cabeza, sirviendo

en plato frío la victoria sucia que a fuego y hierro

te ha grabado ante mí una sempiterna marca.


En realidad no me importa si te mereces o no

ser feliz; si en realidad lo eres, o padeces

de algo más que ego, gula y exceso de (propio) amor.

Porque ya bailaste al son del tambor, enardecido,

y cubierto tu cupo, yo de lo que me he reído

es de que el destino a veces se equivoque tanto,y otras,

en cambio, acabe tan lleno de razón.



sábado, 9 de abril de 2011

La compasión

Por aquel entonces me compadecías, ¿te acuerdas?
“Pobrecilla, me da pena, nunca será feliz”.

Supongo que todavía creías que tú sí.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Yepes, exmargallón

No sé si te acuerdas de que al principio no eras nada salvo el gigante de la clase que se sentaba al final y que no abría la boca ni para pedir. No te descubrí hasta los 14. Yo venía de mi primera ruptura sentimental, o acaso aún estabamos empezando a empezar. La cuestión es que yo salía y entraba por momentos en el amor por excelencia de mi vida, (que tal vez algún día tenga un post), y tú salías y entrabas por momentos en la vida de aquella chica que jamás te mereciste y aún así te permitiste el lujo de apartar, aunque eso sería mucho más tarde.
Y tú y yo fuimos acercándonos poco a poco. Ambos tanteándonos las almas sin jamás haber juntado ni las manos ni las bocas. No nos hacía falta. Eras mi primer mejor amigo. Por aquel entonces creía que para que las cosas duraran sólo había que quererlo. Aún hoy lo defiendo. Y si no estás aquí conmigo ahora acaso sea porque no quisiste. Y el quizá es sólo una licencia que te regalo, porque hoy estoy llena de amor.

Sabes como yo que siempre te quise y siempre me quisiste. Que para mí fuiste el hermano que no tuve, fuiste un pilar al que siempre, absolutamente siempre, me asía cuando lo necesitaba, porque eres puro y eres fuerte. Y no porque fueras compresivo o me entendieras. Entre nosotros nunca hubo palabras porque los silencios nos llenaban más, y saber que eras y que querías ser a mi lado siempre fue suficiente para que no pasara un sólo día sin que te sintiera y supiera cuán importante eras para mí.

Superamos la distancia. Superamos el no vernos jamás. Seguías en mi ida y sin necesidad de decírmelo a cada instante yo sabía que seguía en la tuya.
No me moví de tu lado mientras estuviste en el hospital, y sólo dejaste que yo te diera el yogur, que yo te cuidara. Sabes perfectamente que jamás vas a poder vivir sin mí, sabes que me vas a llevar allá a donde vayas, porque eres tanto para mí como lo soy yo para ti. O éramos.

Sabes que pensabas en mí de forma indecorosa los días impares, y que yo lo hacía los pares, y que una vez al mes se juntaba el calendario y ambos nos rozábamos, y ambos estallábamos de ganas de cruzar la línea y ver qué se sentía estando los dos del mismo lado. Pero nunca lo hicimos, porque lo que teníamos era tan grande y tan blanco que jamás nos hubiéramos permitido mancharlo. Esa era la idea. La idea era que jamás dejaríamos de estar juntos, aunque amáramos a otros. Porque hay amores que no son incompatibles, ni necesariamente excluyentes. Y hasta que llegó ella yo creía que el nuestro era uno de ésos.

Ni tus novias ni mis novios jamás fueron obstáculo para ser amigos. Era requesito para estar conmigo que tú vinieras en el pack. Y ni siquiera tuve jamás que decir por qué. Entonces llegó la chica guapa y estúpida. Llego la niña malcriada y retorcida de cara preciosa. Y tú jamás te habías visto en nada igual, era tan jodidamente guapa que dabas gracias cada día de que se hubiera fijado en alguien como tú, no es así? Gracias a esa rata por querer estar contigo, que eres la persona más noble que he conocido en mi vida. Y esa rata dice que siente celos de tu relación conmigo. Y que es o ella o yo.

Sobra decir qué escogiste. Y sé cuáles son tus razones y no te guardo rencor porque en cierta forma las entiendo, van contigo y con tu situación. Pero me has partido el corazón, yepes. Me has hecho más daño que ningún hombre, porque tú eras más que todos. Fuiste mi primera gran decepción.

Y hoy te tengo que ver, y seguro que tú ni siquiera sabes lo que me dueles, seguro que crees que no te llamo y que he dejado de escribirte porque estoy ocupada. Seguro que crees que esto es pasajero o que soy tan comprensiva que te lo voy a perdonar. O a lo mejor en realidad te importaba tan poco que todo te da igual.

Así que dime, Yepes.
De qué me sirve que guardes mis cartas en un cofre si ya no las lees.
De qué me sirve pensarte si tú ya no me piensas.
De qué me sirve recordarte si lo que hubo ya se fue, y no quieres que vuelva.

Dime de qué me sirve escribirte todo esto si ya no hablas en mi idioma.
Dime de qué me sirve quererte, y cómo demonios consigo dejarte de querer....

Aunque seguro que no lo sabes.
Porque estás con ella y te ha prohibido responder.

martes, 28 de octubre de 2008

Mi eterna penitencia

Hay nombres que responden a personas que guardé bajo la ropa interior para que nadie los descubriera si le daba por fisgonear. Al final siempre asoma alguna letra, no hace falta que sea en momentos embarazosos. Con que la vea yo cuando voy a abrir el cajón y escoger qué cosa voy a calzarme hoy es más que suficiente.
Eso me pasa por no tirar los nombres a la basura y empeñarme en creer que soy lo bastante madura para convivir con ellos.

La verdad es que ambos sabemos qué pasó entre tú y yo y a la misma vez no sé que te corría en la sesera cuando hiciste lo que hiciste, cuando te dio por comportarte como te comportaste, ni por qué dejaste de ser cuando precisamente fuiste tú quien me presionó para que te abriera un hueco en mi vida, casi a la fuerza. Yo era feliz hasta que llegaste tú. Yo era feliz con él. Aún así quise ser feliz contigo, y estaba empezando a serlo...

No estoy orgullosa de lo que hice, auque es cierto que en aquellos momentos eras especial. Me la quise jugar contigo, de forma velada pedí permiso a la autoridad competente para pedir una excedencia que me llevara a ti y así tantear el terreno de tu casa y ver si realmente eras tan bueno como aparentabas. Y ya tenía planeada la manera de decirle a él a su vuelta que mejor era rescindir un contrato que a todas luces palidecía al lado del que me ofrecías firmar tú. Y afilé la punta de mi boli con todas sus consecuencias. Y aquellos besos fueron especiales hasta que dejaste de serlo y empezaste a hacer que no conciliara el sueño, que los remordimientos
se me colaran entre la sopa y me sintiera sucia, podrida y acabada por hacer con impunidad aparente lo que despreciaba antes de que llegaras tú. Utilizada y abandonada.Y conseguiste que me volviera desconfiada, y me has dejado un trauma que no se quita ni con amoníaco perfumado, y aún no sé por qué lo hiciste.

Porque al final cambiaste la promesa de una noche con Morrissey y una guitarra con piano por silencios sin justificación, y cogiste mi corazón y un cuchillo carnicero y lo hiciste trocitos milimétricos que fuiste usando para taponarte los agujeros de las habitaciones. Nunca me diste la canción que tenía mi nombre, y que tenía tus letras que sólo hablaban de mí. Y desapareciste como si tuvieras algo que esconder y yo hubiera sido una muñeca estúpida que usaste aún no sé ni con que intenciones, aún no sé si con premeditación.

Y escribir esto y escribirte a ti me abre la herida que ya ni me dolía. Pero hoy has aparecido como una ráfaga, y me toca pagar de nuevo, por si no pagué ya bastante. Me toca hacer penitencia para que quede vivo en el recuerdo y en la piel y en los rincones que no puedo repetir lo que fui. Que me avergüenzo de las prisas y de los roles regalados y de la voz que nunca levanté y que se me pudre hoy en la garganta, y de la mano que tendí a destiempo, y de la debilidad que me vestí en los cafés, y de haberme dejado ganar por una voz como no hay otra, por unas palabras huecas pero jodidamente hermosas.

Quién me hubiera dicho cuando entraste que nuestro último encuentro lo harían los intermediarios, y que nuestras últimas palabras ni siquiera las diría yo.

Y a pesar de todo sigo con mi vida, y aunque no me creyera capaz puedo mirarla de frente, y ya no me siento sucia porque conseguí limpiarme, y ya no quiero pensar si te habrás limpiado tú, si realmente has sido consciente alguna vez de cuantísima mierda has llegado a llevar encima.


Y no hablo de la compartida.