más de aeropuertos que de trenes
más de té que de café
de pares que de nones
de Noviembre antes que abril.
comenzar a contarme desde abajo…
y seguiría estando allí
Es difícil decir lo que quiero decir
es penoso negar lo que quiero negar
mejor no lo digo
mejor no lo niego.
Mario Benedetti. "EL PUSILÁNIME",
de "El olvido está lleno de memoria".
Noto golpear mis pies un pez huidizo que ha creído que son mis muslos rocas.
Me azota por debajo del horizonte que se ondula en mi ombligo, en la playa donde siento el rastro de tu nieve, donde huelo los copos hechos lluvia,la lluvia hecha agua,el agua quemándome la sal.
Aletea entre mis piernas un pez que se convierte, sin saberlo, en mi último tacto, en última escama, y me abre la veda en un mar donde para buscarte me baño, y para llamarte me ahogo,
en vano.
Cierro los ojos y dejo que me llene por completo la negrura del fondo, y bancos de peces ciegos me anidan las costillas, y me hundo lenta, lenta, lentamente, con los ojos abiertos y las manos vueltas de repente algas, viendo cómo sorprendentemente no vienes a salvarme.
Y la radiografía ha salido gris esta vez, no vió el doctor pulmón, ni derrame, ni cornisa. “Está muerta, no cabe duda. Se ahogó”.
Pero qué sabrán ellos.
Suena "We are the Roman Empire", de Get Well Soon

Se cuela un ritmo de electrónica lenta
por las rendijas de la persiana,
y queda escondido, como herido, entre la almohada
y mi cabello, empapado de sudor.
Los ángeles no nos miran esta noche, pues está
cerrado por derribo el escaparate donde exhibirnos,
y testarudos seguimos interpretando a oscuras una farsa,
fingiéndonos clandestinos por no confesarnos olvidados.
Se cuela por entre las rendijas de las sábanas
un ritmo de electrónica muerta,
y queda escondido, como herido, entre mi cabello
y el testigo de la almohada, el resto de un fantasma
que cree engañarnos, disfrazado de sudor.
Que cree engañarnos. Pero no.

“Todas las canciones de amor llevan tu nombre”.
Todos los cafés te guardan un asiento.
Todos los vestidos se quedan incompletos
si no los abrochas
con tus manos.
Toda la epidermis se me muere cada día
porque no la nutres.
Todas las monedas me pesan en los bolsillos
de no gastarlas.
Todas las bebidas servidas de a uno
están amargas.
Todos los pinceles te imitan
sin tú saberlo.
Todas las noches se me vuelven prostitutas.
Todos los cabellos
me los dejo en las almohadas...
LLegó un día
en que puse en su sitio
todos los muebles de mi casa,
y coloqué el hueco
que ÉL ocuparía.
Y entonces vino
y lo llenó todo.
Y luego se marchó
porque todo no fue suficiente.
Aunque lo más duro no fue
vivir en su ausencia,
sino vivir el después,
sabiendo sólo entonces
que visitó otras camas,
que prometió otros mundos,
que vendió huecos,
y que los muebles ahora
sólo huelen a mentiras.
De manera que la yo que soy ahora
se aleja mucho de la que fui antes,
y ya cree bien poco
en los amores para siempre,
y en los amores imposibles,
y es escéptica y fría,
y el amor
y la pasión
se le vuelven hacia dentro,
y se le clavan,
y la hacen explotar.
Pero lejos de esconderme
o de cerrar los ojos,
no quiero morir de frío.
Quiero redecorar mi casa,
y ponerle de nuevo
muebles a las habitaciones.
Porque yo sin amor no vivo.