Resumen técnico:
Tiempo transcurrido: 2 meses completos
Frecuencia: Entre cinco y seis días por semana.
Adelgazamiento: 2 kilos aproximadamente. (Sobre todo los pechos ^^)
Endurecimiento: notable. Mejor distribución de lo que no se va ni a tiros ^^
Estado de ánimo: Muy positivo. Felicidad absoluta.
Nivel de adicción: Medio. A veces me da pereza levantarme, aunque aún no me lo he fugado nunca..ejjejejje
Amores platónicos: Mmmm….ninguno (raro, eh?jejej. PUES SÍI!!!!!!!)
Efectos secundarios:
-Conseguir hacer algo útil mientras toda mi vida académico-profesional se resuelve.
-Entretenido estudio sociológico de los distintos tipos de personas que acuden a un gimnasio.
-Cada vez menos vergüenza hacia el propio desnudo.
-Aprendizaje de cómo estirarme el pelo con los secadores del gimnasio ^^
-Eliminación de los excesos gastronómicos por cargo de conciencia tras tanto esfuerzo.
-Posibilidad de disfrutar de la contemplación de uno mismo continuamente en el espejo sin quedar de narcista ^^ (cada día más por tener la figura susceptiblemente más bonita)
-Ensanchamiento sutil de ciertas prendas de vestir. ^^
-Ligero sentimiento de superioridad hacia los sedentarios (ya no somos de esas!!!^^)
-Posibilidad de aborrecer toda mi música por no soportar ya los 40 principales y llevarme mi ipod.
-Placer de conocer a todos los monitores, que debido a mi/nuestra rara ejecución de todos los ejercicios siempre nos están supervisando..jajajaj
-Mayor ingesta de agua, que es muy sana.
-Reconocer las señales que indican que todos los monitores son gays..jajajja
-Odio exacerbado hacia ciertas señoras de avanzada edad que llevan la pierna en pilates hasta donde yo no la llevaré nunca.
-Odio aún más exacerbado hacia esas malditas cerdas guapas, delgadas y duras que sólo van al gimnasio para exhibirse y deprimirnos a las demás..Y SON LA MAYORÍAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA ¬¬
-Perfecta compatibilidad con el deporte nacional y uno de mis grandes hobbies: el marujeo y critiqueo ^^
-Mucho mejor humor y positivismo, sin duda alguna. (El otro día me sorprendí diciendo “Hay que ver lo bonito que es vivir, joder!”ajjajaj)
-Sensación impagable y continua de que algún día merecerá la pena todo el esfuerzo. (Me han dicho que a los cuatro meses empieza a notarse..jajajaj)
Es difícil decir lo que quiero decir
es penoso negar lo que quiero negar
mejor no lo digo
mejor no lo niego.
Mario Benedetti. "EL PUSILÁNIME",
de "El olvido está lleno de memoria".
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miércoles, 30 de septiembre de 2009
martes, 29 de septiembre de 2009
She wolf
Realmente shakira se ha salido con su nuevo single, aquí dejo la letra porque ya ni siquiera se la entiende cuando canta.
Fuiste mi ídolo con "Atología",con "Inevitable", con "No".
Pero ésta ya no eres tú.
Yo ya no te quiero.
“Loba”
Sigilosa al pasar
Sigilosa al pasar
Esa loba es especial
Mirala, caminar caminar
Quién no ha querido a una diosa licántropa
En el ardor de una noche romántica
Mis aullidos son el llamado
Yo quiero un lobo domesticado
Por fin he encontrado un remedio infalible que borre del todo la culpa
No pienso quedarme a tu lado mirando la tele y oyendo disculpas
la vida me ha dado un hambre voráz y tu apenas me das caramelos
Me voy con mis piernas y mi juventúd por ahí aunque te maten los celos
CH
Una loba en el armario
Tiene ganas de salir
Deja que se coma el barrio
Antes de irte a dormir
Tengo tacones de aguja magnetica
Para dejar a la manada frenetica
La luna llena como una fruta
No da consejos ni los escucha
Llevo conmigo un radar especial para localizar solteros
Si acaso me meto en aprietos tambien llevo el número de los bomberos
ni tipos muy lindos ni divos ni niños ricos yo se lo que quiero
pasarla muy bien y portarme muy mal en los brazos de algún caballero
Una loba en el armario
Tiene ganas de salir
Deja que se coma el barrio
Antes de irte a dormir
Cuando son casi la una la loba en celo saluda a la luna
Duda si andar por la calle o entrar en un bar a probar fortuna
Ya está sentada en su mesa y pone la mira en su proxima presa
Pobre del desprevenido que no se esperaba una de esas
Sigilosa al pasar
Sigilosa al pasar
Esa loba es especial
Mirala caminar, caminar
Deja que se coma el barrio
Antes de irte a dormir
Fuiste mi ídolo con "Atología",con "Inevitable", con "No".
Pero ésta ya no eres tú.
Yo ya no te quiero.
domingo, 27 de septiembre de 2009
Cumpleaaaños feliiiiz.....
Hoy es mi cumpleaños.
Supongo que debería hacer un post o algo así, pero hoy está lloviendo y no estoy de ánimo. Y no es que me deprima hacerme vieja, al contrario. Digamos que estas fechas me obligan a volver la vista atrás, y reflexionar.... cosa que estaba evitando por todos los medios desde que decidí dejar de ser esa estúpida insatisfecha e infeliz crónica.
En fin..gracias por acordaros de mí, siempre.
Os quiero muchísimo....
Supongo que debería hacer un post o algo así, pero hoy está lloviendo y no estoy de ánimo. Y no es que me deprima hacerme vieja, al contrario. Digamos que estas fechas me obligan a volver la vista atrás, y reflexionar.... cosa que estaba evitando por todos los medios desde que decidí dejar de ser esa estúpida insatisfecha e infeliz crónica.
En fin..gracias por acordaros de mí, siempre.
Os quiero muchísimo....
viernes, 25 de septiembre de 2009
Extraña mutación sentimental....
Corro el riesgo de etiquetarte en una categoría que no nos conviene a ninguno de los dos.
Yo y mi maldita manía de llamar a las cosas por su nombre.
Yo y mi maldita manía de hablarme a mí misma en voz alta.
Pero esta vez no puedo escucharme.
Te perderé si lo hago.
Yo y mi maldita manía de llamar a las cosas por su nombre.
Yo y mi maldita manía de hablarme a mí misma en voz alta.
Pero esta vez no puedo escucharme.
Te perderé si lo hago.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Para quien no conozca el cuento...
"OJOS DE PERRO AZUL". GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Entonces me miró. Yo creía que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detrás del velador y yo seguía sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprendí que era yo quien la miraba por primera vez. Encendí un cigarrillo. Tragué el humo áspero y fuerte, antes de hacer girar el asiento, equilibrándolo sobre una de las patas posteriores. Después de eso la vi ahí, como había estado todas las noches, parada junto al velador, mirándome. Durante breves minutos estuvimos haciendo nada más que eso: mirarnos. Yo mirándola desde el asiento, haciendo equilibrio en una de sus patas posteriores. Ella de pie, con una mano larga y quieta sobre el velador, mirándome. Le veía los párpados iluminados como todas las noches. Fue entonces cuando recordé lo de siempre, cuando le dije: «Ojos de perro azul». Ella me dijo, sin retirar la mano del velador: «Eso. Ya no lo olvidaremos nunca». Salió de la órbita suspirando: «Ojos de perro azul. He escrito eso por todas partes».
La vi caminar hacia el tocador. La vi aparecer en la luna circular del espejo mirándome ahora al final de una ida y vuelta de luz matemática. La vi seguir mirándome con sus grandes ojos de ceniza encendida: mirándome mientras abría la cajita enchapada de nácar rosado. La vi empolvarse la nariz. Cuando acabó de hacerlo, cerró la cajita y volvió a ponerse en pie y caminó de nuevo hacia el velador, diciendo: «Temo que alguien sueñe con esta habitación y me revuelva mis cosas»; y tendió sobre la llama la misma mano larga y trémula que había estado calentado antes de sentarse al espejo. Y dijo: «No sientes el frío». Y yo le dije: «A veces». Y ella me dijo: «Debes sentirlo ahora». Y entonces comprendí por qué no había podido estar solo en el asiento. Era el frío lo que me daba la certeza de mi soledad. «Ahora lo siento ―dije―. Y es raro, porque la noche está quieta. Tal vez se me ha rodado la sábana». Ella no respondió. Empezó otra vez a moverse hacia el espejo y volví a girar sobre el asiento para quedar de espaldas a ella. Sin verla sabía lo que estaba haciendo. Sabía que estaba otra vez sentada frente al espejo, viendo mis espaldas, que habían tenido tiempo para llegar hasta el fondo del espejo, viendo mis espaldas, que habían tenido tiempo para llegar hasta el fondo del espejo y ser encontradas por la mirada de ella, que también había tenido el tiempo justo para llegar hasta el fondo y regresar ―antes que la mano tuviera tiempo de iniciar la segunda vuelta― hasta los labios que estaban ahora untados de carmín, desde la primera vuelta de la mano frente al espejo. Yo veía, frente a mí, la pared lisa, que era como otro espejo ciego, donde yo no la veía a ella ―sentada a mis espaldas―, pero imaginándola dónde estaría si en lugar de la pared hubiera sido puesto un espejo. «Te veo», le dije. Y vi en la pared como si ella hubiera levantado los ojos y me hubiera visto de espaldas en el asiento, al fondo del espejo, con la cara vuelta hacia la pared. Después la vi bajar los párpados, otra vez, y quedarse con los ojos quietos en su corpiño, sin hablar. Y yo volví a decirle: «Te veo». Y ella volvió a levantar los ojos desde su corpiño. «Es imposible», dijo. Yo pregunté por qué. Y ella, con los ojos otra vez quietos en el corpiño: «Porque tienes la cara vuelta hacia la pared». Entonces yo hice girar el asiento. Tenía el cigarrillo apretado en la boca. Cuando quedé frente al espejo ella estaba otra vez junto al velador. Ahora tenía las manos abiertas sobre la llama, como dos abiertas alas de gallina, asándose, y con el rostro sombreado por sus propios dedos. «Creo que me voy a enfriar ―dijo―. Esta debe ser una ciudad helada». Volvió el rostro de perfil y su piel de cobre al rojo se volvió repentinamente triste. «Haz algo contra eso», dije. Y ella empezó a desvestirse, pieza por pieza, empezando por arriba; por el corpiño. Le dije: «Voy a voltearme contra la pared». Ella dijo: «No. De todos modos me verás, como me viste cuando estabas de espaldas». Y no había acabado de decirlo cuando ya estaba desvestida casi por completo, con la llama lamiéndole la larga piel de cobre. «Siempre había querido verte así, con el cuero de la barriga lleno de hondos agujeros, como si te hubieran hecho a palos». Y antes que yo cayera en la cuenta de que mis palabras se habían vuelto torpes frente a su desnudez, ella se quedó inmóvil, calentándose en la órbita del velador, y dijo: «A veces creo que soy metálica». Guardó silencio un instante. La posición de las manos sobre la llama varió levemente. Yo dije: «A veces, en otros sueños, he creído que no eres sino una estatuilla de bronce en el rincón de algún museo. Tal vez por eso sientes frío». Y ella dijo: «A veces, cuando me duermo sobre el corazón, siento que el cuerpo se me vuelve huevo y la piel como una lámina. Entonces, cuando la sangre me golpea por dentro, es como si alguien me estuviera llamando con los nudillos en el vientre y siento mi propio sonido de cobre en la cama. Es como si fuera así como tú dices: de metal laminado». Se acercó más al velador. «Me habría gustado oírte», dije. Y ella dijo: «Si alguna vez nos encontramos pon el oído en mis costillas, cuando me duerma sobre el lado izquierdo, y me oirás resonar. Siempre he deseado que lo hagas alguna vez». La oí respirar hondo mientras hablaba. Y dijo que durante años no había hecho nada distinto de eso. Su vida estaba dedicada a encontrarme en la realidad, al través de esa frase identificadora. «Ojos de perro azul». Y en la calle iba diciendo en voz alta, que era una manera de decirle a la única persona que habría podido entenderla:
«Yo soy la que llega a tus sueños todas las noches y te dice esto: ojos de perro azul». Y dijo que iba a los restaurantes y les decía a los mozos, antes de ordenar el pedido: «Ojos de perro azul». Pero los mozos le hacían una respetuosa reverencia, sin que hubieran recordado nunca haber dicho eso en sus sueños. Después escribía en las servilletas y rayaba con el cuchillo el barniz de las mesas: «Ojos de perro azul». Y en los cristales empañados de los hoteles, de las estaciones, de todos los edificios públicos, escribía con el índice: «Ojos de perro azul». Dijo que una vez llegó a una droguería y advirtió el mismo olor que había sentido en su habitación una noche, después de haber soñado conmigo. «Debe estar cerca», pensó, viendo el embaldosado limpio y nuevo de la droguería. Entonces se acercó al dependiente y le dijo «Siempre sueño con un hombre que me dice: “Ojos de perro azul”». Y dijo que el vendedor la había mirado a los ojos y le dijo: «En realidad, señorita, usted tiene los ojos así». Y ella le dijo: «Necesito encontrar al hombre que me dijo en sueños eso mismo». Y el vendedor se echó a reír y se movió hacia el otro lado del mostrador. Ella siguió viendo el embaldosado limpio y sintiendo el olor. Y abrió la cartera y se arrodilló y escribió sobre el embaldosado, a grandes letras rojas, con la barrita de carmín para labios: «Ojos de perro azul». El vendedor regresó de donde estaba. Le dijo: «Señorita, usted ha manchado el embaldosado». Le entregó un trapo húmedo, diciendo: «Límpielo». Y ella dijo, todavía junto al velador, que pasó toda la tarde a gatas, lavando el embaldosado y diciendo: «Ojos de perro azul», hasta cuando la gentes se congregó en la puerta y dijo que estaba loca.
Ahora, cuando acabó de hablar, yo seguía en el rincón, sentado, haciendo equilibrio en la silla. «Yo trato de acordarme todos los días la frase con que debo encontrarte ―dije― . Ahora creo que mañana no lo olvidaré. Sin embargo, siempre he olvidado al despertar cuáles son las palabras con que puedo encontrarte». Y ella dijo: «Tú mismo las inventaste desde el primer día». Y yo le dije: «Las inventé porque te vi los ojos de ceniza. Pero nunca las recuerdo a la mañana siguiente . Y ella, con los puños cerrados junto al velador, respiró hondo: «Si por lo menos pudiera recordar ahora en qué ciudad lo he estado escribiendo».
Sus dientes apretados relumbraron sobre la llama. «Me gustaría tocarte ahora», dije. Ella levantó el rostro que había estado mirando la lumbre: levantó la mirada ardiendo, asándose también como ella, como sus manos: y yo sentí que me vio, en el rincón, donde seguía sentado, meciéndome en el asiento. «Nunca me habías dicho eso», dijo. «Ahora lo digo y es verdad», dije. Al otro lado del velador ella pidió un cigarrillo. La colilla había desaparecido de entre mis dedos. Había olvidado que estaba fumando. Dijo: «No sé por qué no puedo recordar dónde lo he escrito». Y yo le dije: «Por lo mismo que yo no podré recordar mañana las palabras». Y ella dijo, triste: «No. Es que a veces creo que eso también lo he soñado». Me puse en pie y caminé hacia el velador. Ella estaba un poco más allá, y yo seguía caminando, con los cigarrillos y los fósforos en la mano, que no pasaría el velador. Le tendí el cigarrillo. Ella lo apretó entre los labios y se inclinó para alcanzar la llama, antes que yo tuviera tiempo de encender el fósforo. «En alguna ciudad del mundo, en todas las paredes, tienen que estar escritas esas palabras: “Ojos de perro azul” dije―. Si mañana las recordara iría a buscarte». Ella levantó otra vez la cabeza y tenía ya la brasa encendida en los labios. «Ojos de perro azul», suspiró, recordando, con el cigarrillo caído sobre la barba y un ojo a medio cerrar. Aspiró después el humo, con el cigarrillo entre los dedos, y exclamó: «Ya esto es otra cosa. Estoy entrando en calor». Y lo dijo con la voz un poco tibia y huidiza, como si no lo hubiera dicho realmente sino como si lo hubiera acercado el papel a la llama mientras yo leía: «Estoy entrando ―y ella hubiera seguido con el papelito entre el pulgar y el índice, dándole vueltas, mientras se iba consumiendo y yo acababa de leer ― ...en calor», antes que el papelito se consumiera por completo y cayera al suelo arrugado, disminuido, convertido en un liviano polvo de ceniza. «Así es mejor ―dije―. A veces me da miedo verte así. Temblando junto al velador».
Nos veíamos desde hacía varios años. A veces, cuando ya estábamos juntos, alguien dejaba caer afuera una cucharita y despertábamos. Poco a poco habíamos ido comprendiendo que nuestra amistad estaba subordinada a las cosas, a los acontecimientos más simples. Nuestros encuentros terminaban siempre así, con el caer de una cucharita en la madrugada.
Ahora, junto al velador, me estaba mirando. Yo recordaba que antes también me había mirado así, desde aquel remoto sueño en que hice girar el asiento sobre sus patas posteriores y quedé frente a una desconocida de ojos cenicientos. Fue en ese sueño en el que le pregunté por primera vez: «¿Quién es usted?». Y ella me dijo: «No lo recuerdo». Yo le dije: «Pero creo que nos hemos visto antes». Y ella dijo, indiferente: «Creo que alguna vez soñé con usted, con este mismo cuarto». Y yo le dije: «Eso es. Ya empiezo a recordarlo». Y ella dijo: «Qué curioso. Es cierto que nos hemos encontrado en otros sueños».
Dio dos chupadas al cigarrillo. Yo estaba todavía parado frente al velador cuando me quedé mirándola de pronto. La miré de arriba abajo y todavía era de cobre; pero no ya de metal duro y frío, sino de cobre amarillo, blando, maleable. «Me gustaría tocarte», volvía a decir. Y ella dijo: «Lo echarías todo a perder ―volvió a decir, antes que yo pudiera tocarla―. Tal vez, si das la vuelta por detrás del velador, despertaríamos sobresaltados quién sabe en qué parte del mundo». Pero yo insistí: «No importa». Y ella dijo: «Si diéramos vuelta a la almohada, volveríamos a encontrarnos. Pero tú, cuando despiertes, lo habrás olvidado». Empecé a moverme hacia el rincón. Ella quedó atrás, calentándose las manos sobre la llama. Y todavía no estaba yo junto al asiento cuando le oí decir a mis espaldas: «Cuando despierto a medianoche, me quedo dando vueltas en la cama, con los hilos de la almohada ardiéndome en la rodilla y repitiendo hasta el amanecer: “Ojos de perro azul”».
Entonces yo me quedé con la cara contra la pared. «Ya está amaneciendo ―dije sin mirarla―. Cuando dieron las dos estaba despierto y de eso hace mucho rato». Yo me dirigí hacia la puerta. Cuando tenía agarrada la manivela, oí otra vez su voz igual, invariable: «No abras esa puerta ―dijo―. El corredor está lleno de sueños difíciles». Y yo le dije: «Cómo lo sabes?». Y ella me dijo: «Porque hace un momento estuve allí y tuve que regresar cuando descubrí que estaba dormida sobre el corazón». Yo tenía la puerta entreabierta. Moví un poco la hoja y un airecillo frío y tenue me trajo un fresco olor a tierra vegetal, a campo húmedo. Ella habló otra vez. Yo di la vuelta, moviendo todavía la hoja montada en goznes silenciosos, y le dije: «Creo que no hay ningún corredor aquí afuera. Siento el olor del campo». Y ella, un poco lejana ya, me dijo: «Conozco esto más que tú. Lo que pasa es que allá afuera está una mujer soñando con el campo». Se cruzó de brazos sobre la llama. Siguió hablando: «Es esa mujer que siempre ha deseado tener una casa en el campo y nunca ha podido salir de la ciudad». Yo recordaba haber visto la mujer en algún sueño anterior, pero sabía, ya con la puerta entreabierta, que dentro de media hora debía bajar al desayuno. Y dije: «De todos modos, tengo que salir de aquí para despertar».
Afuera el viento aleteó un instante, se quedó quieto después y se oyó la respiración de un durmiente que acababa de darse vuelta en la cama. El viento del campo se suspendió. Ya no hubo más olores. «Mañana te reconoceré por eso ―dije―. Te reconoceré cuando vea en la calle una mujer que escriba en las paredes: “Ojos de perro azul”». Y ella, con una sonrisa triste ―que era ya una sonrisa de entrega a lo imposible, a lo inalcanzable―, dijo: «Sin embargo no recordarás nada durante el día». Y volvió a poner las manos sobre el velador, con el semblante oscurecido por una niebla amarga: «Eres el único hombre que, al despertar, no recuerda nada de lo que ha soñado».
Entonces me miró. Yo creía que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detrás del velador y yo seguía sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprendí que era yo quien la miraba por primera vez. Encendí un cigarrillo. Tragué el humo áspero y fuerte, antes de hacer girar el asiento, equilibrándolo sobre una de las patas posteriores. Después de eso la vi ahí, como había estado todas las noches, parada junto al velador, mirándome. Durante breves minutos estuvimos haciendo nada más que eso: mirarnos. Yo mirándola desde el asiento, haciendo equilibrio en una de sus patas posteriores. Ella de pie, con una mano larga y quieta sobre el velador, mirándome. Le veía los párpados iluminados como todas las noches. Fue entonces cuando recordé lo de siempre, cuando le dije: «Ojos de perro azul». Ella me dijo, sin retirar la mano del velador: «Eso. Ya no lo olvidaremos nunca». Salió de la órbita suspirando: «Ojos de perro azul. He escrito eso por todas partes».
La vi caminar hacia el tocador. La vi aparecer en la luna circular del espejo mirándome ahora al final de una ida y vuelta de luz matemática. La vi seguir mirándome con sus grandes ojos de ceniza encendida: mirándome mientras abría la cajita enchapada de nácar rosado. La vi empolvarse la nariz. Cuando acabó de hacerlo, cerró la cajita y volvió a ponerse en pie y caminó de nuevo hacia el velador, diciendo: «Temo que alguien sueñe con esta habitación y me revuelva mis cosas»; y tendió sobre la llama la misma mano larga y trémula que había estado calentado antes de sentarse al espejo. Y dijo: «No sientes el frío». Y yo le dije: «A veces». Y ella me dijo: «Debes sentirlo ahora». Y entonces comprendí por qué no había podido estar solo en el asiento. Era el frío lo que me daba la certeza de mi soledad. «Ahora lo siento ―dije―. Y es raro, porque la noche está quieta. Tal vez se me ha rodado la sábana». Ella no respondió. Empezó otra vez a moverse hacia el espejo y volví a girar sobre el asiento para quedar de espaldas a ella. Sin verla sabía lo que estaba haciendo. Sabía que estaba otra vez sentada frente al espejo, viendo mis espaldas, que habían tenido tiempo para llegar hasta el fondo del espejo, viendo mis espaldas, que habían tenido tiempo para llegar hasta el fondo del espejo y ser encontradas por la mirada de ella, que también había tenido el tiempo justo para llegar hasta el fondo y regresar ―antes que la mano tuviera tiempo de iniciar la segunda vuelta― hasta los labios que estaban ahora untados de carmín, desde la primera vuelta de la mano frente al espejo. Yo veía, frente a mí, la pared lisa, que era como otro espejo ciego, donde yo no la veía a ella ―sentada a mis espaldas―, pero imaginándola dónde estaría si en lugar de la pared hubiera sido puesto un espejo. «Te veo», le dije. Y vi en la pared como si ella hubiera levantado los ojos y me hubiera visto de espaldas en el asiento, al fondo del espejo, con la cara vuelta hacia la pared. Después la vi bajar los párpados, otra vez, y quedarse con los ojos quietos en su corpiño, sin hablar. Y yo volví a decirle: «Te veo». Y ella volvió a levantar los ojos desde su corpiño. «Es imposible», dijo. Yo pregunté por qué. Y ella, con los ojos otra vez quietos en el corpiño: «Porque tienes la cara vuelta hacia la pared». Entonces yo hice girar el asiento. Tenía el cigarrillo apretado en la boca. Cuando quedé frente al espejo ella estaba otra vez junto al velador. Ahora tenía las manos abiertas sobre la llama, como dos abiertas alas de gallina, asándose, y con el rostro sombreado por sus propios dedos. «Creo que me voy a enfriar ―dijo―. Esta debe ser una ciudad helada». Volvió el rostro de perfil y su piel de cobre al rojo se volvió repentinamente triste. «Haz algo contra eso», dije. Y ella empezó a desvestirse, pieza por pieza, empezando por arriba; por el corpiño. Le dije: «Voy a voltearme contra la pared». Ella dijo: «No. De todos modos me verás, como me viste cuando estabas de espaldas». Y no había acabado de decirlo cuando ya estaba desvestida casi por completo, con la llama lamiéndole la larga piel de cobre. «Siempre había querido verte así, con el cuero de la barriga lleno de hondos agujeros, como si te hubieran hecho a palos». Y antes que yo cayera en la cuenta de que mis palabras se habían vuelto torpes frente a su desnudez, ella se quedó inmóvil, calentándose en la órbita del velador, y dijo: «A veces creo que soy metálica». Guardó silencio un instante. La posición de las manos sobre la llama varió levemente. Yo dije: «A veces, en otros sueños, he creído que no eres sino una estatuilla de bronce en el rincón de algún museo. Tal vez por eso sientes frío». Y ella dijo: «A veces, cuando me duermo sobre el corazón, siento que el cuerpo se me vuelve huevo y la piel como una lámina. Entonces, cuando la sangre me golpea por dentro, es como si alguien me estuviera llamando con los nudillos en el vientre y siento mi propio sonido de cobre en la cama. Es como si fuera así como tú dices: de metal laminado». Se acercó más al velador. «Me habría gustado oírte», dije. Y ella dijo: «Si alguna vez nos encontramos pon el oído en mis costillas, cuando me duerma sobre el lado izquierdo, y me oirás resonar. Siempre he deseado que lo hagas alguna vez». La oí respirar hondo mientras hablaba. Y dijo que durante años no había hecho nada distinto de eso. Su vida estaba dedicada a encontrarme en la realidad, al través de esa frase identificadora. «Ojos de perro azul». Y en la calle iba diciendo en voz alta, que era una manera de decirle a la única persona que habría podido entenderla:
«Yo soy la que llega a tus sueños todas las noches y te dice esto: ojos de perro azul». Y dijo que iba a los restaurantes y les decía a los mozos, antes de ordenar el pedido: «Ojos de perro azul». Pero los mozos le hacían una respetuosa reverencia, sin que hubieran recordado nunca haber dicho eso en sus sueños. Después escribía en las servilletas y rayaba con el cuchillo el barniz de las mesas: «Ojos de perro azul». Y en los cristales empañados de los hoteles, de las estaciones, de todos los edificios públicos, escribía con el índice: «Ojos de perro azul». Dijo que una vez llegó a una droguería y advirtió el mismo olor que había sentido en su habitación una noche, después de haber soñado conmigo. «Debe estar cerca», pensó, viendo el embaldosado limpio y nuevo de la droguería. Entonces se acercó al dependiente y le dijo «Siempre sueño con un hombre que me dice: “Ojos de perro azul”». Y dijo que el vendedor la había mirado a los ojos y le dijo: «En realidad, señorita, usted tiene los ojos así». Y ella le dijo: «Necesito encontrar al hombre que me dijo en sueños eso mismo». Y el vendedor se echó a reír y se movió hacia el otro lado del mostrador. Ella siguió viendo el embaldosado limpio y sintiendo el olor. Y abrió la cartera y se arrodilló y escribió sobre el embaldosado, a grandes letras rojas, con la barrita de carmín para labios: «Ojos de perro azul». El vendedor regresó de donde estaba. Le dijo: «Señorita, usted ha manchado el embaldosado». Le entregó un trapo húmedo, diciendo: «Límpielo». Y ella dijo, todavía junto al velador, que pasó toda la tarde a gatas, lavando el embaldosado y diciendo: «Ojos de perro azul», hasta cuando la gentes se congregó en la puerta y dijo que estaba loca.
Ahora, cuando acabó de hablar, yo seguía en el rincón, sentado, haciendo equilibrio en la silla. «Yo trato de acordarme todos los días la frase con que debo encontrarte ―dije― . Ahora creo que mañana no lo olvidaré. Sin embargo, siempre he olvidado al despertar cuáles son las palabras con que puedo encontrarte». Y ella dijo: «Tú mismo las inventaste desde el primer día». Y yo le dije: «Las inventé porque te vi los ojos de ceniza. Pero nunca las recuerdo a la mañana siguiente . Y ella, con los puños cerrados junto al velador, respiró hondo: «Si por lo menos pudiera recordar ahora en qué ciudad lo he estado escribiendo».
Sus dientes apretados relumbraron sobre la llama. «Me gustaría tocarte ahora», dije. Ella levantó el rostro que había estado mirando la lumbre: levantó la mirada ardiendo, asándose también como ella, como sus manos: y yo sentí que me vio, en el rincón, donde seguía sentado, meciéndome en el asiento. «Nunca me habías dicho eso», dijo. «Ahora lo digo y es verdad», dije. Al otro lado del velador ella pidió un cigarrillo. La colilla había desaparecido de entre mis dedos. Había olvidado que estaba fumando. Dijo: «No sé por qué no puedo recordar dónde lo he escrito». Y yo le dije: «Por lo mismo que yo no podré recordar mañana las palabras». Y ella dijo, triste: «No. Es que a veces creo que eso también lo he soñado». Me puse en pie y caminé hacia el velador. Ella estaba un poco más allá, y yo seguía caminando, con los cigarrillos y los fósforos en la mano, que no pasaría el velador. Le tendí el cigarrillo. Ella lo apretó entre los labios y se inclinó para alcanzar la llama, antes que yo tuviera tiempo de encender el fósforo. «En alguna ciudad del mundo, en todas las paredes, tienen que estar escritas esas palabras: “Ojos de perro azul” dije―. Si mañana las recordara iría a buscarte». Ella levantó otra vez la cabeza y tenía ya la brasa encendida en los labios. «Ojos de perro azul», suspiró, recordando, con el cigarrillo caído sobre la barba y un ojo a medio cerrar. Aspiró después el humo, con el cigarrillo entre los dedos, y exclamó: «Ya esto es otra cosa. Estoy entrando en calor». Y lo dijo con la voz un poco tibia y huidiza, como si no lo hubiera dicho realmente sino como si lo hubiera acercado el papel a la llama mientras yo leía: «Estoy entrando ―y ella hubiera seguido con el papelito entre el pulgar y el índice, dándole vueltas, mientras se iba consumiendo y yo acababa de leer ― ...en calor», antes que el papelito se consumiera por completo y cayera al suelo arrugado, disminuido, convertido en un liviano polvo de ceniza. «Así es mejor ―dije―. A veces me da miedo verte así. Temblando junto al velador».
Nos veíamos desde hacía varios años. A veces, cuando ya estábamos juntos, alguien dejaba caer afuera una cucharita y despertábamos. Poco a poco habíamos ido comprendiendo que nuestra amistad estaba subordinada a las cosas, a los acontecimientos más simples. Nuestros encuentros terminaban siempre así, con el caer de una cucharita en la madrugada.
Ahora, junto al velador, me estaba mirando. Yo recordaba que antes también me había mirado así, desde aquel remoto sueño en que hice girar el asiento sobre sus patas posteriores y quedé frente a una desconocida de ojos cenicientos. Fue en ese sueño en el que le pregunté por primera vez: «¿Quién es usted?». Y ella me dijo: «No lo recuerdo». Yo le dije: «Pero creo que nos hemos visto antes». Y ella dijo, indiferente: «Creo que alguna vez soñé con usted, con este mismo cuarto». Y yo le dije: «Eso es. Ya empiezo a recordarlo». Y ella dijo: «Qué curioso. Es cierto que nos hemos encontrado en otros sueños».
Dio dos chupadas al cigarrillo. Yo estaba todavía parado frente al velador cuando me quedé mirándola de pronto. La miré de arriba abajo y todavía era de cobre; pero no ya de metal duro y frío, sino de cobre amarillo, blando, maleable. «Me gustaría tocarte», volvía a decir. Y ella dijo: «Lo echarías todo a perder ―volvió a decir, antes que yo pudiera tocarla―. Tal vez, si das la vuelta por detrás del velador, despertaríamos sobresaltados quién sabe en qué parte del mundo». Pero yo insistí: «No importa». Y ella dijo: «Si diéramos vuelta a la almohada, volveríamos a encontrarnos. Pero tú, cuando despiertes, lo habrás olvidado». Empecé a moverme hacia el rincón. Ella quedó atrás, calentándose las manos sobre la llama. Y todavía no estaba yo junto al asiento cuando le oí decir a mis espaldas: «Cuando despierto a medianoche, me quedo dando vueltas en la cama, con los hilos de la almohada ardiéndome en la rodilla y repitiendo hasta el amanecer: “Ojos de perro azul”».
Entonces yo me quedé con la cara contra la pared. «Ya está amaneciendo ―dije sin mirarla―. Cuando dieron las dos estaba despierto y de eso hace mucho rato». Yo me dirigí hacia la puerta. Cuando tenía agarrada la manivela, oí otra vez su voz igual, invariable: «No abras esa puerta ―dijo―. El corredor está lleno de sueños difíciles». Y yo le dije: «Cómo lo sabes?». Y ella me dijo: «Porque hace un momento estuve allí y tuve que regresar cuando descubrí que estaba dormida sobre el corazón». Yo tenía la puerta entreabierta. Moví un poco la hoja y un airecillo frío y tenue me trajo un fresco olor a tierra vegetal, a campo húmedo. Ella habló otra vez. Yo di la vuelta, moviendo todavía la hoja montada en goznes silenciosos, y le dije: «Creo que no hay ningún corredor aquí afuera. Siento el olor del campo». Y ella, un poco lejana ya, me dijo: «Conozco esto más que tú. Lo que pasa es que allá afuera está una mujer soñando con el campo». Se cruzó de brazos sobre la llama. Siguió hablando: «Es esa mujer que siempre ha deseado tener una casa en el campo y nunca ha podido salir de la ciudad». Yo recordaba haber visto la mujer en algún sueño anterior, pero sabía, ya con la puerta entreabierta, que dentro de media hora debía bajar al desayuno. Y dije: «De todos modos, tengo que salir de aquí para despertar».
Afuera el viento aleteó un instante, se quedó quieto después y se oyó la respiración de un durmiente que acababa de darse vuelta en la cama. El viento del campo se suspendió. Ya no hubo más olores. «Mañana te reconoceré por eso ―dije―. Te reconoceré cuando vea en la calle una mujer que escriba en las paredes: “Ojos de perro azul”». Y ella, con una sonrisa triste ―que era ya una sonrisa de entrega a lo imposible, a lo inalcanzable―, dijo: «Sin embargo no recordarás nada durante el día». Y volvió a poner las manos sobre el velador, con el semblante oscurecido por una niebla amarga: «Eres el único hombre que, al despertar, no recuerda nada de lo que ha soñado».
Ojos de perro azul
Qué estúpida me siento por no haberte arrastrado a este cielo mucho antes, sabiendo que pudimos y que ahora ya es tarde, y en cuestión de nubes te acabarás marchando bien lejos.
No me perdono no haberte conocido antes.
No me perdono ser humana y no poder prever los acontecimientos, no haber disfrutado cuando pudimos lo que a partir de ahora no podremos.
Espero que echar de menos lo que no hicimos sea suficiente castigo para hacer de esta honda tristeza un nuevo punto de inflexión, otra útil lección acumulada y aprendida.
(...)
No me creerás cuando te diga
que no he dejado de pensarte;
regálame de nuevo aquella noche en la que yo
no supe aprovecharte *.
No me perdono no haberte conocido antes.
No me perdono ser humana y no poder prever los acontecimientos, no haber disfrutado cuando pudimos lo que a partir de ahora no podremos.
Espero que echar de menos lo que no hicimos sea suficiente castigo para hacer de esta honda tristeza un nuevo punto de inflexión, otra útil lección acumulada y aprendida.
(...)
No me creerás cuando te diga
que no he dejado de pensarte;
regálame de nuevo aquella noche en la que yo
no supe aprovecharte *.
Para cuando quiera ser feliz, no lo dudes. Recordaré todo lo que planeamos; a lo que sí nos atrevimos.
Y cuando quiera llamarte, ya lo sabes. “Ojos de perro azul”.
Déjame entrar por tu ventana
directo a tu cama,
y sigue durmiendo,
que si abres los ojos
yo me iré corriendo.
Y deja que me cuele por entre tu ropa
para no tener frío,
cuando el sol nos queme, tú despertarás,
y yo me habré ido*.
*César Rodríguez. “Déjame entrar”
Siempre “Ojos de perro azul”.
jueves, 17 de septiembre de 2009
Por tus bofetadas....
Dudo que exista en esta vida mayor éxito que conseguir tomar café con tu fracaso, sin que ninguno de los dos pares de ojos haya perdido ni pizca de su viejo agradecimiento, ni de su bien ganada fidelidad.
No quiero perderte nunca. Te debo demasiado.
No quiero perderte nunca. Te debo demasiado.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Mundo Maravilloso
Seguro que todo el mundo ha estado de acuerdo con los escasos “mundos maravillosos” que llevo publicados en este blog (mea culpa que sean tan pocos, lo siento en el alma). Sin embargo, hay veces que sorprende ver que hay discrepancia de opiniones, y quizá ésta sea una de ellas. Asumo el riesgo de no conseguir en este “elogio” desinteresado un respaldo universal, aunque sinceramente no es lo que busco (sí lo que me gustaría).

Óleo. 100x70cm. Realizado en 2009 por la presente ^^
No me negarán que no les apetece recoger los bártulos e ir a ver en vivo y en directo la maravillosa fiesta del Toro de la Vega, en Tordesillas. ¡Debe ser tan estimulante, tan divertido, que todo el pueblo siga en pleno al toro para clavarle las lanzas desde sus hermosos caballos, y que cualquier ciudadano, por mediocre que sea su puesto en la escala social, pueda tener el derecho de sentirse superior a algo y rematarlo con palos y estacas, hasta que muera! Ya ni siquiera le damos el supuesto juego justo del uno contra uno con el que se defienden los partidarios del toreo, para qué tanto eufemismo inútil. Esto es lo que nos gusta, matar al toro como machotes, comérnoslo si hace falta, que no digan luego que no le ponemos finalidad al acto. De sobra sabemos que hay muchos veterinarios que afirman que el animal no sufre nada de nada en esta fiesta (claramente su juicio es estrictamente profesional y objetivo, hecho con rigor científico y preocupación humanitaria). Sin lugar a dudas es todo un orgullo para él ser asesinado con tan privilegiado fin. ¡Cuántos de sus compañeros toros no firmarían por tener el honor de correr la misma suerte! Y si sufre..pues bueno, oye, para eso ha estado comiendo gratis y pastando toda la vida, sin dar palo al agua, y no se nos olvide que ese destino lo eligió el mismo, y que todos ganamos mucho dinero con la industria del toreo y de estas festividades. Es más, agradecidos nos tendría que estar Greenpeace porque el toro ya se hubiera extinguido de no salir nosotros a defender su permanencia en la vida y en este retrato tan castizo y subdesarrollado que toda Europa tiene de nosotros, sin saber por qué.
Así que, sin haber visto nunca esta fiesta (qué mal hablar de algo que conozco, ¿verdad?) os exhorto sin duda a acudir y disfrutar del espectáculo.
Porque, al menos yo, dudo que haya muchas cosas que ilustren mejor que esto lo realmente podrido que está el ser humano, y gracias a él, también este mundo maravilloso.
Óleo. 100x70cm. Realizado en 2009 por la presente ^^
No me negarán que no les apetece recoger los bártulos e ir a ver en vivo y en directo la maravillosa fiesta del Toro de la Vega, en Tordesillas. ¡Debe ser tan estimulante, tan divertido, que todo el pueblo siga en pleno al toro para clavarle las lanzas desde sus hermosos caballos, y que cualquier ciudadano, por mediocre que sea su puesto en la escala social, pueda tener el derecho de sentirse superior a algo y rematarlo con palos y estacas, hasta que muera! Ya ni siquiera le damos el supuesto juego justo del uno contra uno con el que se defienden los partidarios del toreo, para qué tanto eufemismo inútil. Esto es lo que nos gusta, matar al toro como machotes, comérnoslo si hace falta, que no digan luego que no le ponemos finalidad al acto. De sobra sabemos que hay muchos veterinarios que afirman que el animal no sufre nada de nada en esta fiesta (claramente su juicio es estrictamente profesional y objetivo, hecho con rigor científico y preocupación humanitaria). Sin lugar a dudas es todo un orgullo para él ser asesinado con tan privilegiado fin. ¡Cuántos de sus compañeros toros no firmarían por tener el honor de correr la misma suerte! Y si sufre..pues bueno, oye, para eso ha estado comiendo gratis y pastando toda la vida, sin dar palo al agua, y no se nos olvide que ese destino lo eligió el mismo, y que todos ganamos mucho dinero con la industria del toreo y de estas festividades. Es más, agradecidos nos tendría que estar Greenpeace porque el toro ya se hubiera extinguido de no salir nosotros a defender su permanencia en la vida y en este retrato tan castizo y subdesarrollado que toda Europa tiene de nosotros, sin saber por qué.
Así que, sin haber visto nunca esta fiesta (qué mal hablar de algo que conozco, ¿verdad?) os exhorto sin duda a acudir y disfrutar del espectáculo.
Porque, al menos yo, dudo que haya muchas cosas que ilustren mejor que esto lo realmente podrido que está el ser humano, y gracias a él, también este mundo maravilloso.
Psico-vísceras......
IMÁGENES,
MUNDO MARAVILLOSO
martes, 15 de septiembre de 2009
Amelie......
Es curioso. Hice una de estas chorradas que tiene facebook, "Tu frase de Amelie". A veces el mundo te da una palmada para que sigas bien recto hacia adelante. Habrá que hacerle caso.. ;)
Ya somos dos, pequeña!
"Amelie tiene de repente la extraña sensación de estar en total armonía consigo misma, en ese instante todo es perfecto, la suavidad de la luz, el ligero perfume del aire, el pausado rumor de la ciudad. Inspira profundamente y la vida ahora le parece tan sencilla y transparente que un arrebato de amor, parecido a un deseo de ayudar a toda la humanidad, la empapa de golpe"
Ya somos dos, pequeña!
lunes, 14 de septiembre de 2009
Reflexión sobre un cambio de look ;)
Hace tiempo que no me reconozco en el negro de esta casa, en lo triste de sus muebles, en las aparentes pocas ganas de disfrutar la vida que se desprenden de cada poso amargo que he dejado pudrirse aquí para que no me pudriera a mí por dentro.
A veces me he detenido en la puerta sin ni siquiera atreverme a entrar. No puedo obviar que no soy la misma que empezó este blog; no puedo hacer oídos sordos a este cambio que se ha operado desde dentro hasta fuera, y que empieza a exigirme ser visible.
Porque me siento bien. Me siento curiosamente feliz últimamente. En esta extraña época de cambio, de desorden y de ansia, paradójicamente todo está en su sitio, empiezo a entender esas verdades tan evidentes que me repetía una y otra vez pero que jamás entraron en mi mollera, bien empeñada en hacer de mi vida un drama apoteósico y sublime donde el abismo era la única salida, blindada a cal y canto a cualquier pensamiento que pudiera contener la coherencia que predico.
No. Decididamente no soy así.
No soy esa mujer depresiva, no soy esa chica que no confía e sí, ni en lo que vale.
Soy feliz, aunque no lo parezca.
Y creo que ya es momento de empezar a parecerlo, y a vivir en consecuencia.
Así que empiezo desterrando el negro, dejando pasar la luz, viviendo de día y dejando la noche únicamente para la noche. Que para eso siempre hay tiempo.
(Será la lluvia, y el otoño, que me hace tan feliz...)
A veces me he detenido en la puerta sin ni siquiera atreverme a entrar. No puedo obviar que no soy la misma que empezó este blog; no puedo hacer oídos sordos a este cambio que se ha operado desde dentro hasta fuera, y que empieza a exigirme ser visible.
Porque me siento bien. Me siento curiosamente feliz últimamente. En esta extraña época de cambio, de desorden y de ansia, paradójicamente todo está en su sitio, empiezo a entender esas verdades tan evidentes que me repetía una y otra vez pero que jamás entraron en mi mollera, bien empeñada en hacer de mi vida un drama apoteósico y sublime donde el abismo era la única salida, blindada a cal y canto a cualquier pensamiento que pudiera contener la coherencia que predico.
No. Decididamente no soy así.
No soy esa mujer depresiva, no soy esa chica que no confía e sí, ni en lo que vale.
Soy feliz, aunque no lo parezca.
Y creo que ya es momento de empezar a parecerlo, y a vivir en consecuencia.
Así que empiezo desterrando el negro, dejando pasar la luz, viviendo de día y dejando la noche únicamente para la noche. Que para eso siempre hay tiempo.
(Será la lluvia, y el otoño, que me hace tan feliz...)
Annika Von Hausswolff
Tengo el honor de informaros que ha comenzado mi (modesta) carrera profesional. Se me encargó hacer un reportaje fotográfico del montaje de la exposición “The black box is orange”, de la artista sueca de prestigio internacional Annika von Hausswolff, para ilustrar el proceso en el catálogo que La Conservera (el centro de arte contemporáneo donde tiene lugar dicha exhibición) ha editado para la exposición de esta artista.
Por lo tanto, yo soy, por primera vez, una de esas personas que aparecen publicadas minúsculamente en la página de atrás de los catálogos, algo tan pequeño para todos, pero tan tan grande para mí…
Así que…
Esto empieza ahora! ;)
Para mayor información sobre este centro:
Tomado de:
http://www.masdearte.com/noticias/articulo/conservera_presenta_ciclo_exposiciones_12740.htm
www.laconservera.org
Por lo tanto, yo soy, por primera vez, una de esas personas que aparecen publicadas minúsculamente en la página de atrás de los catálogos, algo tan pequeño para todos, pero tan tan grande para mí…
Así que…
Esto empieza ahora! ;)
Para mayor información sobre este centro:
"La Conservera, Centro de Arte Contemporáneo de Ceutí (Murcia), inaugurará el próximo 12 de septiembre su segundo ciclo de exposiciones. Instalada en una antigua fábrica de conservas rehabilitada como museo por el arquitecto Fernando de Retes, La Conservera fue inaugurada el pasado 17 de mayo y cuenta con cuatro salas expositivas diferentes, que en conjunto alcanzan los 4.800 metros cuadrados.
A partir del próximo 13 de septiembre, el público podrá contemplar en Ceutí exhibiciones dedicadas a cuatro artistas femeninas, tres de las cuales presentan su obra en España, de forma individual, por primera vez. Se trata de Rosalía Banet, Annika von Hausswolff, Marilyn Minter y Mickalene Thomas, creadoras que tienen en común su interés por todo lo relativo a la plasmación de la identidad femenina en el arte, sus investigaciones en torno a la retroalimentación existente entre los medios fotográfico, pictórico y escultórico y su uso del cuerpo de la mujer como soporte de la mayor parte de su producción".
Tomado de:
http://www.masdearte.com/noticias/articulo/conservera_presenta_ciclo_exposiciones_12740.htm
www.laconservera.org
viernes, 11 de septiembre de 2009
"Hola, yo soy Julia..."
Lo bueno de que se nos ocurriera dejar migajas es que un día podemos echarle huevos y seguirlas.
Y yo, dando tumbos, ya he empezado.
Y yo, dando tumbos, ya he empezado.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
....EN EL ÁNGULO EXACTO
PREFACIO
ELLA
Me gustaría pensar que esta noche, como todas las demás noches, has salido a tu balcón a recibirme.
Me he puesto el vestido más blanco para que cuando asomes tu linterna te encuentres con el vuelo de mis sedas.
Cuesta verte desde aquí.
Cuesta imaginar la cara que llevas puesta esta noche.
Duele estar a años luz de ti, volcada tras esta ventana, en esta habitación blanca. Circular.
Algún día podrás tocarme, si vienes.
Algún día podré tocarte, si consigo bajar...
ÉL
No creas que este día me ha arrancado sonrisa alguna, que es posible hallar consuelo lejos de tu luz, que ha sido fácil no tenerte en luna nueva.
Te sueño como cada día, te busco como cada noche, me escondo y rujo y rompo las cortinas de mi cuarto cuando no te muestras, y retumban los quebrares de costillas al ritmo de campanas huecas en esta triste habitación.
Demasiado tiempo esperando a que vengas.
Demasiado tiempo sin buscarte.
Me cansé...
Ya es hora de hacer algo.
CAPÍTULO I
ELLA
El día que Ella conoció a Él, estaba sentada junto a la ventana, como cada noche. Jugaba con la linterna apuntando al infinito, apuntando a Marte, apuntando a Júpiter, apuntando a la Tierra.
El vestido apenas le rozaba las baldosas blancas, y el corazón, como cada día, se aburría de latir.
Soltaba el vaho en la ventana y dibujaba corazones, sin saber bien qué eran. Se limitaba a copiarlos de la biblioteca de la sala, que estaba llena de libros, todos al alcance de la mano. Sin saber por qué, ya estaban antes de que Ella llegara.
Sin saber por qué, ella siempre había estado allí.
Sola, junto a la ventana.
Con una silla.
Con una cama.
Con la linterna.
Sólo eso, en una habitación circular con techo abovedado.
Y el silencio.
El absoluto, rotundo, tremendo... silencio, si es que eso se puede imaginar.
ÉL
El día que Él conoció a Ella, cogió un cigarro y salió al balcón a contar estrellas, apenas visibles tras el humo de su gris ciudad (como él, podrida).
Le lloraban los pulmones de respirar en balde, como cada día.
Plantó los ojos al vacío y empezó la cuenta.
Una.
Dos.
Tres.
Humo.
A la cuarta la luz le bañó de lleno, le vistió de pies a cabeza de blanco inmaculado.
Corrió a su cuarto a coger el espejo de mano, y con la garganta en precipicio salió de nuevo a buscar la luz.
Con el pulso tembloroso colocó el perfecto ángulo de visión.
Devolvió el reflejo, y miró.
Entonces la vio.
ELLA
Por primera vez en su vida se le escapó de la boca un sonido. Un imperceptible “Oh”.
Por primera vez abrió sus ojos grises como manos, y sin saber de dónde sacó el conocimiento de mover los pies (eternamente atada a aquella silla) se levantó y nadó la vista en el espacio, buscando como loca el origen de la luz, vibrando su linterna, devolviéndole el favor.
Y las luces se encontraron en el momento preciso, en el lugar indicado, en el ángulo exacto.
Y con sus ojos extraterrestres, le encontró.
ÉL Y ELLA
De pie, aterido de frío, él miraba a Ella, y escrutaba a continuación, con ansia incontenida, las casas vecinas, las calles llenas de dióxido de coche, las farolas de bombilla pobre.
Y el cielo.
Y entre él y la luz sólo encontraba la Luna. La Luna. La Luna. La Luna.
La Luna, y un par de ojos grises reflejados, y una nariz helada como témpano, y unos labios dulces como miel.
Ella le devolvió el esfuerzo mientras pudo, lo hizo con deseo intemporal, con ilusión desconocida, con pasión arrebatada.
Y la Tierra se fue moviendo, hasta que la luz se le rompió, y no pudo verle más.
Y el Sol le encontró de pie, callado. Y el espejo se apagó.
ELLA
Las horas se sucedieron eternas, cada paraje conocido iba dando paso al siguiente con asfixiante lentitud. Conocía como piel propia cada montaña, cada río, cada nube. Pero nunca el tiempo le había pesado, nunca los minutos le habían dolido. Y ahora le parecía eterna la espera, le parecían insalvables los giros que la separaban de ayer.
Pero no se cansaba de agitar la linterna, y ya no quería sentarse, no quería despertar la mente, no quería alejarse del cristal, no podía pensar en otra cosa, no sabía hacer otra cosa más que esperarle.
Sólo quería decir “Oh”, una vez más...
ÉL
Misma hora, mismo sitio, mismo rostro, misma magia, misma vida, misma Luna.
Y el latido acelerado.
Como cada día, desde que la conoció.
CAPÍTULO II
ELLA
Me gustaría pensar que esta noche, como todas las demás noches, has salido a tu balcón a recibirme.
Me he puesto el vestido más blanco para que cuando asomes tu linterna te encuentres con el vuelo de mis sedas.
Cuesta verte desde aquí.
Cuesta imaginar la cara que llevas puesta esta noche.
Duele estar a años luz de ti, volcada tras esta ventana, en esta habitación blanca. Circular.
Algún día podrás tocarme, si vienes.
Algún día podré tocarte, si consigo bajar...
ÉL
No creas que este día me ha arrancado sonrisa alguna, que es posible hallar consuelo lejos de tu luz, que ha sido fácil no tenerte en luna nueva.
Te sueño como cada día, te busco como cada noche, me escondo y rujo y rompo las cortinas de mi cuarto cuando no te muestras, y retumban los quebrares de costillas al ritmo de campanas huecas. En mi habitación.
Demasiado tiempo esperando a que vengas.
Demasiado tiempo sin buscarte.
Me cansé...
Ya es hora de hacer algo.
ELLA
Me comprimen el pecho estas paredes y ya no aguanto el día, me quema los ojos, me daña el pecho, me quiebra los brazos golpear esta maldita ventana.
Esto no es vida. Esto no puede ser la vida.
Tengo que encontrarte.
Ya no puedo seguir aquí.
Me quedé sin aire...
CAPÍTULO III
ELLA
Por primera vez en su vida giró despacio el pomo de la ventana y la abrió.
Sujetó las faldas del vestido, y apoyándose en la silla se encaramó con cuidado al alféizar, dejando que todo el universo la observara, arrobado.
ÉL
Desde la terraza del edificio enfocó el espejo.
Estaba preparado. Era la hora. Era el día. Y se encontraba en el ángulo exacto.
Todo estaba listo abajo, y así se lo dijo.
Y desde el otro lado, allá arriba, su boca le sonrió.
ELLA
Nunca había probado el aire, nunca había sentido frío.
Y no sabía qué iba a pasar, a dónde iba a llevarlos esa idea loca. No sabía si había frontera, si había mundo paralelo, si en algún sitio, en algún lugar, en algún ángulo aún desconocido, existía un planeta para ellos.
Pero no tenía miedo.
No podía ser de otra forma.
Antes o después, estaría con Él.
ÉL
Dejó el espejo en el suelo y se acercó a la tapia de cemento, encaramándose a ella con seguridad.
Tragó aire y miro al mundo a los ojos. Nunca se había sentido tan útil, tan vivo, tan valiente.
Sólo por ella le latía con sentido el corazón.
ÉL Y ELLA
Estiró la pierna y dio el paso.
Estiró la pierna y dio el paso.
Dicen que si ves una estrella fugaz, trae suerte pedir un deseo.
EPÍLOGO
La muchacha abrió los ojos por primera vez y se encontró sentada en una silla, junto a la ventana de una habitación circular, desconocida, con una cama, unos libros y una linterna.
Cogió, casi por instinto, la linterna, y asomada a la ventana, en silencio, comenzó a alumbrar.
ELLA
Me gustaría pensar que esta noche, como todas las demás noches, has salido a tu balcón a recibirme.
Me he puesto el vestido más blanco para que cuando asomes tu linterna te encuentres con el vuelo de mis sedas.
Cuesta verte desde aquí.
Cuesta imaginar la cara que llevas puesta esta noche.
Duele estar a años luz de ti, volcada tras esta ventana, en esta habitación blanca. Circular.
Algún día podrás tocarme, si vienes.
Algún día podré tocarte, si consigo bajar...
ÉL
No creas que este día me ha arrancado sonrisa alguna, que es posible hallar consuelo lejos de tu luz, que ha sido fácil no tenerte en luna nueva.
Te sueño como cada día, te busco como cada noche, me escondo y rujo y rompo las cortinas de mi cuarto cuando no te muestras, y retumban los quebrares de costillas al ritmo de campanas huecas en esta triste habitación.
Demasiado tiempo esperando a que vengas.
Demasiado tiempo sin buscarte.
Me cansé...
Ya es hora de hacer algo.
CAPÍTULO I
ELLA
El día que Ella conoció a Él, estaba sentada junto a la ventana, como cada noche. Jugaba con la linterna apuntando al infinito, apuntando a Marte, apuntando a Júpiter, apuntando a la Tierra.
El vestido apenas le rozaba las baldosas blancas, y el corazón, como cada día, se aburría de latir.
Soltaba el vaho en la ventana y dibujaba corazones, sin saber bien qué eran. Se limitaba a copiarlos de la biblioteca de la sala, que estaba llena de libros, todos al alcance de la mano. Sin saber por qué, ya estaban antes de que Ella llegara.
Sin saber por qué, ella siempre había estado allí.
Sola, junto a la ventana.
Con una silla.
Con una cama.
Con la linterna.
Sólo eso, en una habitación circular con techo abovedado.
Y el silencio.
El absoluto, rotundo, tremendo... silencio, si es que eso se puede imaginar.
ÉL
El día que Él conoció a Ella, cogió un cigarro y salió al balcón a contar estrellas, apenas visibles tras el humo de su gris ciudad (como él, podrida).
Le lloraban los pulmones de respirar en balde, como cada día.
Plantó los ojos al vacío y empezó la cuenta.
Una.
Dos.
Tres.
Humo.
A la cuarta la luz le bañó de lleno, le vistió de pies a cabeza de blanco inmaculado.
Corrió a su cuarto a coger el espejo de mano, y con la garganta en precipicio salió de nuevo a buscar la luz.
Con el pulso tembloroso colocó el perfecto ángulo de visión.
Devolvió el reflejo, y miró.
Entonces la vio.
ELLA
Por primera vez en su vida se le escapó de la boca un sonido. Un imperceptible “Oh”.
Por primera vez abrió sus ojos grises como manos, y sin saber de dónde sacó el conocimiento de mover los pies (eternamente atada a aquella silla) se levantó y nadó la vista en el espacio, buscando como loca el origen de la luz, vibrando su linterna, devolviéndole el favor.
Y las luces se encontraron en el momento preciso, en el lugar indicado, en el ángulo exacto.
Y con sus ojos extraterrestres, le encontró.
ÉL Y ELLA
De pie, aterido de frío, él miraba a Ella, y escrutaba a continuación, con ansia incontenida, las casas vecinas, las calles llenas de dióxido de coche, las farolas de bombilla pobre.
Y el cielo.
Y entre él y la luz sólo encontraba la Luna. La Luna. La Luna. La Luna.
La Luna, y un par de ojos grises reflejados, y una nariz helada como témpano, y unos labios dulces como miel.
Ella le devolvió el esfuerzo mientras pudo, lo hizo con deseo intemporal, con ilusión desconocida, con pasión arrebatada.
Y la Tierra se fue moviendo, hasta que la luz se le rompió, y no pudo verle más.
Y el Sol le encontró de pie, callado. Y el espejo se apagó.
ELLA
Las horas se sucedieron eternas, cada paraje conocido iba dando paso al siguiente con asfixiante lentitud. Conocía como piel propia cada montaña, cada río, cada nube. Pero nunca el tiempo le había pesado, nunca los minutos le habían dolido. Y ahora le parecía eterna la espera, le parecían insalvables los giros que la separaban de ayer.
Pero no se cansaba de agitar la linterna, y ya no quería sentarse, no quería despertar la mente, no quería alejarse del cristal, no podía pensar en otra cosa, no sabía hacer otra cosa más que esperarle.
Sólo quería decir “Oh”, una vez más...
ÉL
Misma hora, mismo sitio, mismo rostro, misma magia, misma vida, misma Luna.
Y el latido acelerado.
Como cada día, desde que la conoció.
CAPÍTULO II
ELLA
Me gustaría pensar que esta noche, como todas las demás noches, has salido a tu balcón a recibirme.
Me he puesto el vestido más blanco para que cuando asomes tu linterna te encuentres con el vuelo de mis sedas.
Cuesta verte desde aquí.
Cuesta imaginar la cara que llevas puesta esta noche.
Duele estar a años luz de ti, volcada tras esta ventana, en esta habitación blanca. Circular.
Algún día podrás tocarme, si vienes.
Algún día podré tocarte, si consigo bajar...
ÉL
No creas que este día me ha arrancado sonrisa alguna, que es posible hallar consuelo lejos de tu luz, que ha sido fácil no tenerte en luna nueva.
Te sueño como cada día, te busco como cada noche, me escondo y rujo y rompo las cortinas de mi cuarto cuando no te muestras, y retumban los quebrares de costillas al ritmo de campanas huecas. En mi habitación.
Demasiado tiempo esperando a que vengas.
Demasiado tiempo sin buscarte.
Me cansé...
Ya es hora de hacer algo.
ELLA
Me comprimen el pecho estas paredes y ya no aguanto el día, me quema los ojos, me daña el pecho, me quiebra los brazos golpear esta maldita ventana.
Esto no es vida. Esto no puede ser la vida.
Tengo que encontrarte.
Ya no puedo seguir aquí.
Me quedé sin aire...
CAPÍTULO III
ELLA
Por primera vez en su vida giró despacio el pomo de la ventana y la abrió.
Sujetó las faldas del vestido, y apoyándose en la silla se encaramó con cuidado al alféizar, dejando que todo el universo la observara, arrobado.
ÉL
Desde la terraza del edificio enfocó el espejo.
Estaba preparado. Era la hora. Era el día. Y se encontraba en el ángulo exacto.
Todo estaba listo abajo, y así se lo dijo.
Y desde el otro lado, allá arriba, su boca le sonrió.
ELLA
Nunca había probado el aire, nunca había sentido frío.
Y no sabía qué iba a pasar, a dónde iba a llevarlos esa idea loca. No sabía si había frontera, si había mundo paralelo, si en algún sitio, en algún lugar, en algún ángulo aún desconocido, existía un planeta para ellos.
Pero no tenía miedo.
No podía ser de otra forma.
Antes o después, estaría con Él.
ÉL
Dejó el espejo en el suelo y se acercó a la tapia de cemento, encaramándose a ella con seguridad.
Tragó aire y miro al mundo a los ojos. Nunca se había sentido tan útil, tan vivo, tan valiente.
Sólo por ella le latía con sentido el corazón.
ÉL Y ELLA
Estiró la pierna y dio el paso.
Estiró la pierna y dio el paso.
Dicen que si ves una estrella fugaz, trae suerte pedir un deseo.
EPÍLOGO
La muchacha abrió los ojos por primera vez y se encontró sentada en una silla, junto a la ventana de una habitación circular, desconocida, con una cama, unos libros y una linterna.
Cogió, casi por instinto, la linterna, y asomada a la ventana, en silencio, comenzó a alumbrar.
Mundo nuevo
Reconozco que he intentado construir para cada él, y para mí, un mundo perfecto donde no hubiera más impuesto que querer, quererse y ser querido.
Perdóname por no haberlo conseguido.
Perdóname por no haberlo conseguido.
Estados de ánimo
Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.
Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.
A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.
Mario Benedetti
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.
Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.
A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.
Mario Benedetti
lunes, 7 de septiembre de 2009
Por suerte o por desgracia

Plaza de la catedral. Murcia 2008
Si fuera capaz de dar cada paso justo donde di el paso anterior, y deshacer lo hecho con la misma facilidad con la que hago lo que ya he hecho antes, llegaría al punto origen de gravedad cero, y me quedaría probablemente quieta, esperando esa magnifica revelación que antes me guió erróneamente, para que viniera a pagarme al contado las deudas que me debe.
Me quedaría sentada esperándola en alguna piedra, sin saber hacer algo distinto de lo que en su día hice, sin entender otra forma de actuar que la que siempre uso.
Tengo la suerte o la desgracia de tener ya un estilo definido, de haber adquirido ya mil manías y una personalidad que se ha acostumbrado a mis quehaceres, y que ahora no sabe como irse de mi vida. No tiene otro sitio al que ir, parásita de mis actos de autómata, conciencia de un cuerpo servicial que no protesta por sistema, pues ,por suerte o por desgracia, el buen humor es siempre garantía de golpe amortiguado, de buen perder. Y no hay venganza que prospere ni odio que dure un poco si, por suerte o por desgracia, nos toca un carácter noble.
Pero no tengo aún la suerte de poder saltar el tiempo, ni hacia delante ni hacia atrás, ni tengo el poder de conocer cómo funciona el mundo, ni tengo herramientas para cambiar mis formas, ni tengo espacio para almacenar todos mis sueños, ni tengo cuerda para retener mis prisas, ni tengo suerte para apostar sin miedo, ni tengo visión x para huir de materiales pobres.
Ni aún hoy puedo dejar de cuestionarme.
Parece que la vida es eterno retorno, y sin pretenderlo o pretendiéndolo vuelvo al punto origen de gravedad cero.
Y espero sentada a que algo me enseñe cómo vivir la vida de otra forma, porque a veces me hace daño vivirla a mi manera.
lunes, 31 de agosto de 2009
Faro
A estas alturas de la orilla no creí posible ver brillar el faro con tanta fuerza, ni creí conservar aún la memoria de las luces intermitentes para las noches sin estrellas.
Henchida en mi pecho está la noria que a ritmo lento y pausado nos ha visto subir y bajar, y girar; asomada a mis labios la sonrisa de segunda mano, con pretensiones de ser algún día de primer orden y uso único, y que alegre el caminar de algún mochilero cansado de fracasar, como he fracasado yo.
Quizá nos cambiemos la opinión con calma, vaselina y mal hacer.
O quizá no haga falta...
Henchida en mi pecho está la noria que a ritmo lento y pausado nos ha visto subir y bajar, y girar; asomada a mis labios la sonrisa de segunda mano, con pretensiones de ser algún día de primer orden y uso único, y que alegre el caminar de algún mochilero cansado de fracasar, como he fracasado yo.
Quizá nos cambiemos la opinión con calma, vaselina y mal hacer.
O quizá no haga falta...
jueves, 27 de agosto de 2009
Ingredientes para una pareja perfecta (I)
martes, 25 de agosto de 2009
Ejem ejem
"Dejemos las mujeres bonitas a los hombres sin imaginación"
M. Proust
M. Proust
Psico-vísceras......
FRASES CÉLEBRES
lunes, 24 de agosto de 2009
Aprendido
viernes, 21 de agosto de 2009
Mirillas
No deberían existir las mirillas, porque no puedo evitar pasarme la vida espiándote tras ellas,
odiando lo que veo sin apartar por ello la cara,
doliéndome pecho, cabeza y barriga de verte actuar en plural
la farsa que fue singular conmigo.
¿Porqué yo no puedo?
¿Por qué no puedo olvidarte?
¿Qué has hecho conmigo, que ya no puedo estar sin ti?
Que no coordino,
que no encuentro,
que no me sacio;
que aún espero;
que aún sin creer, creo;
que, presa en tu cárcel, me aferro a los barrotes para que de aquí no me saquen,
ni a balazos.
¿Por qué yo no puedo?
¿Por qué no puedo ser libre, como lo eres tú?
odiando lo que veo sin apartar por ello la cara,
doliéndome pecho, cabeza y barriga de verte actuar en plural
la farsa que fue singular conmigo.
¿Porqué yo no puedo?
¿Por qué no puedo olvidarte?
¿Qué has hecho conmigo, que ya no puedo estar sin ti?
Que no coordino,
que no encuentro,
que no me sacio;
que aún espero;
que aún sin creer, creo;
que, presa en tu cárcel, me aferro a los barrotes para que de aquí no me saquen,
ni a balazos.
¿Por qué yo no puedo?
¿Por qué no puedo ser libre, como lo eres tú?
martes, 18 de agosto de 2009
Humilde recomendación
Alonso Vegas (No el chico increíblemente especial que tengo el poder de conocer) Alonso Vegas, el escritor precoz, me refiero; el desconocido chico que sin saberlo, o sabiéndolo, pero esperando pausadamente a que llegue su momento y la suerte que no necesita, ponga en su mano los billetes para poder dejar en papel y tirada extrema todo lo que su cabeza única y exquisita hace brotar de madrugada.
Nadie que adore leer y escribir puede dejar de encontrarle; quien confíe en mí y en mi criterio debe visitar su blog, es el mínimo precio para entrar en un lugar del que ya no se sale, al menos, intacto.
Aquí os dejo una de sus historias. No la mejor, pero sí la última.
Nunca pares, Alfonso.
Desde aquí, tu fan número 1 siempre te espera.
El misterioso caso del hombre de la pesadilla
la pesadilla del beso de medianoche. eso fingió Falco bajo su dolor de sienes, debido por seguro a unas extrañas migrañas que solo aparecían cuando Carlos estaba cerca, quizá rondando la calle contigua con su irritante silbido o incluso el ladrido lejano de su can mientras defecaba las aceras de la calle Violonchelista Miguel Toloso de Santoangel. Un señor que nadie de aquella calle conocía, y seguramente ni su propia madre, pero ahí estaba ocupando el honor de una calle de segunda en un pueblo pesquero. Tenía Falco a su novia bastante malhumorada porque ya eran dos días y tres lunas llenas o un espejismo de luna llena lo que llevaban sin ladrar, esos ladridos que a Carlos le daba dolor de cabeza o más bien dolor de ideas, y que sin embargo a Falco le ponían los pelitos del vello de su espalda como un arrecife de coral que Ester rozaba con dulce natación de manos. Y así hacían el amor de perros salvajes y arrecifes de Malasia y la luna siempre debajo de la cama iluminando a contraplano las pieles abiertas de la geometría erótica.
Pero no era así desde hace unos días y Ester echaba chispas. Una canción de Hechizo, algo así como un Vamonos de esta habitación, y un al espacio exterior. Eso escuchaba Ester mientras pensaba que hacer con su fricción ardiente, echando pestes por sus muslos inquietos o endiablados. Con Carlos no le pasaban esas cosas. Carlos, aunque solo fuera un silbador de profesión tocahuevos y espuma seca en el cráneo, él si que no paraba. Todo lo seco que tenía en la cabeza lo había retenido su cintura. Y desde hacía muchos años a Ester se le figuraba que los hombres se hacían por los pies, y cuando uno era seco de testa su meneo de cintura era evidente. Así como al contrario, cuando un hombre sudaba demasiado los pensamientos, esa acumulación de sangre usurpaba el deseo de cada noche que Ester esperaba. Así que Ester no esperaba que un hombre creciera más que a la cintura de sus posibilidades. Y Falco era totalmente un hombre que no solo había llegado a su cabeza, sino que además tenía su casita con jardín en el reino de los cielos.
-Tengo la pesadilla del beso de medianoche, no creo que hoy pueda...
-¿Qué es eso de la pesadilla del beso de medianoche? -Ester no intento mostrarse comprensiva en ningún momento, quería sexo aunque tuviera que arrancárselo de las mismas entrañas.
-¿No sabes lo que es la pesadilla del beso de medianoche? -intentó hacer tiempo para pensar que coño era eso. Pero Ester le contesto con un rapido y escueto "No" abrasivo. Buscaba la trampa en su tartamudeo. Hubo una intensa pausa donde se decidiría el destino de la relación. Falco lo sabía y no tenia muy claro en que microsegundo exacto perdería todo aquello que se había jugado. Fue uno de esos silencios en los que por fin comprendes que ya nada tiene sentido, un silencio tan inocente, tan banal en la historia de las banalidades que jamás entenderías el extraño influjo que sucede por aquel río de ausencias. El porqué místico de los caprichos del destino. Pero Falco no estaba dispuesto a perder a su chica por uno de esos silencios, él jamás se rinde ante las causas que ni él comprende. Su lucha es ciega.
-Si hubiera esperado un instante mas ahora mismo estarías saliendo de la cama para jamás volver. Durante unos días te hubiera llamado mil y una veces a cada segundo que cojeara el reloj, porque sin ti el reloj sería un anciano de cien años de bastón en mano, semanas después de que el tiempo envejeciera te hubiera llorado siete mares de lágrimas. Y ahogado te suplicaría volver, y yo sé que jamás volverías. Quizá pasaran diez años y aún te tuviera en mi corazón, mil chicas después y seguirías siendo mi tren de medianoche. Pero tú, a pesar de saberlo, jamás volverías. Solo por un instante y jamás volverías. Esa ha sido mi pesadilla durante dos días y tres lunas, quizá una era un espejismo. He probado al destino para cerrarle una puerta. Llamame loco, pero he ganado a un silencio. Y ahora sé que no te iras, y sé que al oírme ahora te quedarás aunque yo no te ame esta noche. Pero si que te amaré esta noche, ahora tus ojos son objetos dedicados para amarlos, y como la mujer que no se resiste a la admiración de un diamante, yo no me resisto a esa mirada.
Ester lo miraba, ¿saben? Lo miraba y dejemoslo así. Ester lo miraba y un nuevo silencio, muy distinto al anterior, se apoderaba del momento. Y desde entonces lo miró para siempre.
-Mujer, ya es medianoche. Ahora bésame y quedémonos intercalados en el tiempo.
Carlos sufrió grandes migrañas aquella noche, al perro no se le oyó ladrar nunca más, y la calle Violonchelista Miguel Toloso de Santoangel quedo sumida en una helada azul. Ningún violonchelo desdobló las olas vertiginosas de aquel pueblo pesquero. Fue todo un silencio salvado.
www.enlacallenoventayseis.blogspot.com
El burdel de las palabras
Nadie que adore leer y escribir puede dejar de encontrarle; quien confíe en mí y en mi criterio debe visitar su blog, es el mínimo precio para entrar en un lugar del que ya no se sale, al menos, intacto.
Aquí os dejo una de sus historias. No la mejor, pero sí la última.
Nunca pares, Alfonso.
Desde aquí, tu fan número 1 siempre te espera.
El misterioso caso del hombre de la pesadilla
la pesadilla del beso de medianoche. eso fingió Falco bajo su dolor de sienes, debido por seguro a unas extrañas migrañas que solo aparecían cuando Carlos estaba cerca, quizá rondando la calle contigua con su irritante silbido o incluso el ladrido lejano de su can mientras defecaba las aceras de la calle Violonchelista Miguel Toloso de Santoangel. Un señor que nadie de aquella calle conocía, y seguramente ni su propia madre, pero ahí estaba ocupando el honor de una calle de segunda en un pueblo pesquero. Tenía Falco a su novia bastante malhumorada porque ya eran dos días y tres lunas llenas o un espejismo de luna llena lo que llevaban sin ladrar, esos ladridos que a Carlos le daba dolor de cabeza o más bien dolor de ideas, y que sin embargo a Falco le ponían los pelitos del vello de su espalda como un arrecife de coral que Ester rozaba con dulce natación de manos. Y así hacían el amor de perros salvajes y arrecifes de Malasia y la luna siempre debajo de la cama iluminando a contraplano las pieles abiertas de la geometría erótica.
Pero no era así desde hace unos días y Ester echaba chispas. Una canción de Hechizo, algo así como un Vamonos de esta habitación, y un al espacio exterior. Eso escuchaba Ester mientras pensaba que hacer con su fricción ardiente, echando pestes por sus muslos inquietos o endiablados. Con Carlos no le pasaban esas cosas. Carlos, aunque solo fuera un silbador de profesión tocahuevos y espuma seca en el cráneo, él si que no paraba. Todo lo seco que tenía en la cabeza lo había retenido su cintura. Y desde hacía muchos años a Ester se le figuraba que los hombres se hacían por los pies, y cuando uno era seco de testa su meneo de cintura era evidente. Así como al contrario, cuando un hombre sudaba demasiado los pensamientos, esa acumulación de sangre usurpaba el deseo de cada noche que Ester esperaba. Así que Ester no esperaba que un hombre creciera más que a la cintura de sus posibilidades. Y Falco era totalmente un hombre que no solo había llegado a su cabeza, sino que además tenía su casita con jardín en el reino de los cielos.
-Tengo la pesadilla del beso de medianoche, no creo que hoy pueda...
-¿Qué es eso de la pesadilla del beso de medianoche? -Ester no intento mostrarse comprensiva en ningún momento, quería sexo aunque tuviera que arrancárselo de las mismas entrañas.
-¿No sabes lo que es la pesadilla del beso de medianoche? -intentó hacer tiempo para pensar que coño era eso. Pero Ester le contesto con un rapido y escueto "No" abrasivo. Buscaba la trampa en su tartamudeo. Hubo una intensa pausa donde se decidiría el destino de la relación. Falco lo sabía y no tenia muy claro en que microsegundo exacto perdería todo aquello que se había jugado. Fue uno de esos silencios en los que por fin comprendes que ya nada tiene sentido, un silencio tan inocente, tan banal en la historia de las banalidades que jamás entenderías el extraño influjo que sucede por aquel río de ausencias. El porqué místico de los caprichos del destino. Pero Falco no estaba dispuesto a perder a su chica por uno de esos silencios, él jamás se rinde ante las causas que ni él comprende. Su lucha es ciega.
-Si hubiera esperado un instante mas ahora mismo estarías saliendo de la cama para jamás volver. Durante unos días te hubiera llamado mil y una veces a cada segundo que cojeara el reloj, porque sin ti el reloj sería un anciano de cien años de bastón en mano, semanas después de que el tiempo envejeciera te hubiera llorado siete mares de lágrimas. Y ahogado te suplicaría volver, y yo sé que jamás volverías. Quizá pasaran diez años y aún te tuviera en mi corazón, mil chicas después y seguirías siendo mi tren de medianoche. Pero tú, a pesar de saberlo, jamás volverías. Solo por un instante y jamás volverías. Esa ha sido mi pesadilla durante dos días y tres lunas, quizá una era un espejismo. He probado al destino para cerrarle una puerta. Llamame loco, pero he ganado a un silencio. Y ahora sé que no te iras, y sé que al oírme ahora te quedarás aunque yo no te ame esta noche. Pero si que te amaré esta noche, ahora tus ojos son objetos dedicados para amarlos, y como la mujer que no se resiste a la admiración de un diamante, yo no me resisto a esa mirada.
Ester lo miraba, ¿saben? Lo miraba y dejemoslo así. Ester lo miraba y un nuevo silencio, muy distinto al anterior, se apoderaba del momento. Y desde entonces lo miró para siempre.
-Mujer, ya es medianoche. Ahora bésame y quedémonos intercalados en el tiempo.
Carlos sufrió grandes migrañas aquella noche, al perro no se le oyó ladrar nunca más, y la calle Violonchelista Miguel Toloso de Santoangel quedo sumida en una helada azul. Ningún violonchelo desdobló las olas vertiginosas de aquel pueblo pesquero. Fue todo un silencio salvado.
www.enlacallenoventayseis.blogspot.com
El burdel de las palabras
Mundo maravilloso
¿¿Quién dice que no hay soluciones para acabar con aquello que nos parece imposible de vencer?? Los talibanes han encontrado una maravillosa: Cortarán los dedos a aquellas personas que vayan a votar. Eficaz, indoloro, legítimo. Ni siquiera tienen que asesinarlos (que además, en tanto que víctimas políticas no estarían mal vistas, lo que demuestra su generosidad inconmensurable). En un derroche de autocontrol y elegancia, de aire nuevo y modernura, seccionarán únicamente aquellos miembros estrictamente necesarios para el acto mismo de la votación.
A efectos prácticos, la libertad del pensamiento poco importa, mientras podamos controlar la libertad del cuerpo. No me lo negarán, damas y caballeros.
Adoro este mundo maravilloso...
A efectos prácticos, la libertad del pensamiento poco importa, mientras podamos controlar la libertad del cuerpo. No me lo negarán, damas y caballeros.
Adoro este mundo maravilloso...
Psico-vísceras......
MUNDO MARAVILLOSO
Me dueles tanto...
Ahora no me quedan palabras.
Se marcharon detrás de ti.
La misma voz en off, que antes me decía que sí
no para de gritar que no.
Cómo te fuiste sin decir lo que pensabas
y ahora yo no tengo opción de decidir.
Te vuelves solo a casa con la falsa ilusión de ser
alguien mejor que yo, que no te dolerá esta vez.
Y no queda nada aquí que ahora te pueda retener
cierra las puertas tras de ti por si se te ocurre volver.
Si no queda ganas de intentarlo,
por esta vez sólo quiero pensar en mi.
Tú tranquilo sin saber quién es el malo aquí.
Quién se largó sin preguntar
y no quiere volverte a ver.
Me dueles tanto que no quiero volverte a ver.
Me dueles tanto que no quiero volverte a ver.
Me dueles tanto que no quiero volverte a ver.
"Photophinish"
Zahara
Se marcharon detrás de ti.
La misma voz en off, que antes me decía que sí
no para de gritar que no.
Cómo te fuiste sin decir lo que pensabas
y ahora yo no tengo opción de decidir.
Te vuelves solo a casa con la falsa ilusión de ser
alguien mejor que yo, que no te dolerá esta vez.
Y no queda nada aquí que ahora te pueda retener
cierra las puertas tras de ti por si se te ocurre volver.
Si no queda ganas de intentarlo,
por esta vez sólo quiero pensar en mi.
Tú tranquilo sin saber quién es el malo aquí.
Quién se largó sin preguntar
y no quiere volverte a ver.
Me dueles tanto que no quiero volverte a ver.
Me dueles tanto que no quiero volverte a ver.
Me dueles tanto que no quiero volverte a ver.
"Photophinish"
Zahara
domingo, 16 de agosto de 2009

Lijé mis huellas dactilares en papel moneda
pensando que cualquier precio es poco
si por compra me das la vida.
Al final, lo único que haces
es volver gigante mi deseo,
mi tristeza, mi soledad; mis ganas
de fundirme en tu cuerpo y no volver
a despertarme nunca.
No es vivir tragar el aire
y limitarse a creer que no hay límites
en los pálpitos de cada día,
ni es vivir soñar y creer que para estar vivo
basta con creer que no hay más que respirar.
Algo más debe estar vetado
para quien arañando apenas cemento cava,
para quien buscando sólo búsqueda encuentra,
para quien con preguntar nunca basta,
y responder se muestra esquivo,
de boca en boca el mudo grito que dejaremos escapar
por no entender su idioma.
Que el tiempo desatornille a su antojo
los letreros de las calles que cada día me han visto
arrastrar el fardo de este cuerpo;
que llene de tierra con su furioso viento
las lindes de los caminos
que para avanzar no me han servido;
y que dejen plantado el pino
de mi última casa,
que no hay última morada más común
que la que nadie ve.
Y poco importa, en resumidas cuentas,
si a mi lado la gente ríe
o llora o canta o muge,
si al final lo único que importa
son las ganas de rendirme,
de bajarme
de acabar.
viernes, 14 de agosto de 2009
Ojos de perro azul

Tendremos que aceptar que por norma general y prescripción médica tenemos que vernos en dosis pequeñas, desechar revoluciones excesivas, dosificar las ganas de juntar labio con labio y cuerpo con cuerpo, y alma con alma, por un tiempo indefinido.
Tendremos que aceptar que lo nuestro no son las convenciones, ni los paradigmas ni los tópicos, o acaso no hay entre nosotros más que precisamente eso, el tópico de no encontrarnos más que en las ganas inconclusas de tenernos, de abarcarnos el abrazo sin respetar distancia alguna, las ganas de bebernos las mentiras del uno al otro, la fuerza de creernos poderosos lo que dure el lapso mudo entre puesta de sol y puesta de sol.
Tendremos que aceptar que por mucho que rasguemos tu camisa y mi camisa al abrirla sólo hay un cuerpo imaginario, creado y repasado hasta la extenuación, inventado justo para complementar otro cuerpo de amolde perfecto, de hebilla idónea en zapato viejo. No tenemos más habitación para encontrarnos que la que inventemos. No tenemos más noche para amarnos que la que soñemos, más posibilidad que la esperanza, otro nombre que masoquismo, o fortaleza.
Tendremos que aceptar que, mientras respiremos, cabe la posibilidad de que un día, a punta de pistola y carne viva, nos quitemos el aire el uno al otro.
Psico-vísceras......
HOMBRES...,
IMÁGENES
martes, 11 de agosto de 2009
Teorización sobre el gimnasio (parte I)
Una semana de gimnasio: 7 días sudando, el domingo de descanso.
Adelgazamiento: cero.
Endurecimiento: notable.
Estado de ánimo: bastante más positivo (realmente el deporte sí que libera alguna hormona influyente)
Nivel de adicción: Medio -alto
Efectos secundarios positivos:
-Alargamiento del día (Elisabet maldita, que me haces madrugar)
-Alegría para los sentidos (escasas veces, por estar en temporada baja)
-Pérdida progresiva de la vergüenza hacia el propio desnudo.
-Ahorro de agua en casa.
-Aprendizaje de técnicas de baile susceptibles de ser usadas en alguna discoteca ^^
-Mayor disfrute del acto de ingerir la comida.
-Posibilidad de disfrutar de la contemplación de uno mismo continuamente en el espejo sin quedar de narcista ^^
-Ligero sentimiento de superioridad hacia los sedentarios (ya no somos de esas!!!^^)
-Puesta al día de los nuevos videoclips de 40 principales, y de las dos mil repeticiones de thriller.. :s
-Sensación impagable y continua de que algún día merecerá la pena todo el esfuerzo.
Adelgazamiento: cero.
Endurecimiento: notable.
Estado de ánimo: bastante más positivo (realmente el deporte sí que libera alguna hormona influyente)
Nivel de adicción: Medio -alto
Efectos secundarios positivos:
-Alargamiento del día (Elisabet maldita, que me haces madrugar)
-Alegría para los sentidos (escasas veces, por estar en temporada baja)
-Pérdida progresiva de la vergüenza hacia el propio desnudo.
-Ahorro de agua en casa.
-Aprendizaje de técnicas de baile susceptibles de ser usadas en alguna discoteca ^^
-Mayor disfrute del acto de ingerir la comida.
-Posibilidad de disfrutar de la contemplación de uno mismo continuamente en el espejo sin quedar de narcista ^^
-Ligero sentimiento de superioridad hacia los sedentarios (ya no somos de esas!!!^^)
-Puesta al día de los nuevos videoclips de 40 principales, y de las dos mil repeticiones de thriller.. :s
-Sensación impagable y continua de que algún día merecerá la pena todo el esfuerzo.
viernes, 7 de agosto de 2009
Oración pagana
Tú, (que eres omnipotente y omnipresente y todo lo puedes;
que desde tu sitio privilegiado tantas veces me has visto llorar,
y reír,
y llorar de nuevo,
hasta casi aburrirme de los vaivenes de este tren que nunca conduce a nada),
protégeme de la nostalgia.
Sabiendo como sabes lo que estoy haciendo,
sabiendo como sabes que no hay red circense donde dejar caer mis huesos,
no me dejes vencer por la tentación y salir mal librada de la batalla campal que conmigo misma me preparo,
y líbrame del mal de creer que no hay nada aquí que iguale tan siquiera lo que he visto fuera.
Protégeme de los recuerdos.
Dame fuerzas para ser hoy la de hoy.
Sería tan, tan, tan fácil arrastrarse, y tirarlo todo por la borda, como hago siempre.
Como hacía siempre.
Pero no. Mejor no. Retiro lo dicho.
Esta vez voy a conseguirlo sola.
Llegada a este punto, me debo cierta dignidad.
que desde tu sitio privilegiado tantas veces me has visto llorar,
y reír,
y llorar de nuevo,
hasta casi aburrirme de los vaivenes de este tren que nunca conduce a nada),
protégeme de la nostalgia.
Sabiendo como sabes lo que estoy haciendo,
sabiendo como sabes que no hay red circense donde dejar caer mis huesos,
no me dejes vencer por la tentación y salir mal librada de la batalla campal que conmigo misma me preparo,
y líbrame del mal de creer que no hay nada aquí que iguale tan siquiera lo que he visto fuera.
Protégeme de los recuerdos.
Dame fuerzas para ser hoy la de hoy.
Sería tan, tan, tan fácil arrastrarse, y tirarlo todo por la borda, como hago siempre.
Como hacía siempre.
Pero no. Mejor no. Retiro lo dicho.
Esta vez voy a conseguirlo sola.
Llegada a este punto, me debo cierta dignidad.
lunes, 3 de agosto de 2009
Razón
Podríamos llenar rollos de papel higiénico escribiendo con boli bic a dos manos, (recostados en una cama, compartiendo el zumo matutino que nunca compartiremos, despeinándonos las legañas, sacándole burla al tiempo, riéndonos de lo tontos que hemos sido desde siempre, hasta dar por azar con otro tonto tan tonto como el tonto que fuimos, y que ya, juntos, hemos dejado de ser) las características comunes, los factores asociados, que se dieron la primera y la última vez que nos sentimos tan cerca.

Nos serviría para estudiar cómo la vida va tejiendo poco a poco con hilos ocultos, nos reiríamos de todas las pequeñas decisiones, todos los pequeños actos que sin darnos cuenta, hicieron posible que se dieran esas noches, y esos días, que por la misma suerte puta ya tienen fecha de caducidad.
Por el bien del aire que aún no hemos viciado.
Por el bien de dos almas solitarias que pueden quebrarse, de tanto amar.
Hay momentos que, tras cerrarse el círculo, hay que dejar marchar.
O marcharse.
O huir, quizá.
O rendirse.
Ser realistas, al fin y al cabo.
En tiempos de crisis el amor es un lujo demasiado caro.
Pudimos haber sido locos. Pudimos haber probado a amargarnos la vida (sólo un poco, sólo de vez en cuando), intercambiándonos los roles, dándonos el aliento cuando al otro le falta, hartándonos cuando el otro tiene ganas de seguir, poniendo muescas al transcurrir de los días, esperando pacientes a que algo más grande que nosotros (o a que nosotros, de golpe hechos grandes por algo más grande que tú y que yo, llámalo amor, llámalo x), ponga punto final a la agonía, y tras sangría de centímetro y medio empezara nuevo párrafo donde los zumos matutinos no serían imposibles, y donde los rollos de papel higiénico no analizarían ya ni principios ni finales.
Pudimos haber sido locos, pero en este pulso cruel al final escogimos la razón.
Pudimos haber vivido despiertos lo que ahora sólo nos reservamos para cuando soñemos.
Hay momentos en que no queda sino rendirse.
O marcharse.
O huir, quizá.
Ser realistas, al fin y al cabo.
En tiempos de crisis el amor es un lujo demasiado caro.
Y hoy, por fin, te dejo marchar.
*Foto: Cortesía de Isa Soriano Arranz. (Gracias por haber sido mi gran apoyo todo este mes. Y por seguir ahí, siempre. Sé que nadie entiende este texto mejor que tú, y las estrellas. Tk, pequeña)

Nos serviría para estudiar cómo la vida va tejiendo poco a poco con hilos ocultos, nos reiríamos de todas las pequeñas decisiones, todos los pequeños actos que sin darnos cuenta, hicieron posible que se dieran esas noches, y esos días, que por la misma suerte puta ya tienen fecha de caducidad.
Por el bien del aire que aún no hemos viciado.
Por el bien de dos almas solitarias que pueden quebrarse, de tanto amar.
Hay momentos que, tras cerrarse el círculo, hay que dejar marchar.
O marcharse.
O huir, quizá.
O rendirse.
Ser realistas, al fin y al cabo.
En tiempos de crisis el amor es un lujo demasiado caro.
Pudimos haber sido locos. Pudimos haber probado a amargarnos la vida (sólo un poco, sólo de vez en cuando), intercambiándonos los roles, dándonos el aliento cuando al otro le falta, hartándonos cuando el otro tiene ganas de seguir, poniendo muescas al transcurrir de los días, esperando pacientes a que algo más grande que nosotros (o a que nosotros, de golpe hechos grandes por algo más grande que tú y que yo, llámalo amor, llámalo x), ponga punto final a la agonía, y tras sangría de centímetro y medio empezara nuevo párrafo donde los zumos matutinos no serían imposibles, y donde los rollos de papel higiénico no analizarían ya ni principios ni finales.
Pudimos haber sido locos, pero en este pulso cruel al final escogimos la razón.
Pudimos haber vivido despiertos lo que ahora sólo nos reservamos para cuando soñemos.
Hay momentos en que no queda sino rendirse.
O marcharse.
O huir, quizá.
Ser realistas, al fin y al cabo.
En tiempos de crisis el amor es un lujo demasiado caro.
Y hoy, por fin, te dejo marchar.
*Foto: Cortesía de Isa Soriano Arranz. (Gracias por haber sido mi gran apoyo todo este mes. Y por seguir ahí, siempre. Sé que nadie entiende este texto mejor que tú, y las estrellas. Tk, pequeña)
A sudaaaaar, y llorraaaaaar
Hoy decidí apuntarme al gimnasio.
En realidad esta frase bien pudiera ser: Hoy tuve los cojones de llevar a la práctica la decisión de apuntarme al gimnasio que tomé hace ya muuuuuchos meses.
Vaciada de cualquier posible excusa que me eximiera del sudor anticipado y la fatiga, del sabor a sangre de la garganta de quien odia el deporte con todas sus fuerzas,y que nunca ha ahorrado empeño alguno que tuviera como fin huir de cualquier esferzo distinto del de cómodamente pasear (con la excepción de la natación, deporte amado desde siempre), no me queda otra salida que enfrentarme a la prueba empírica que me sacará de dudas finalmente:
Y obviamente sé que no. Pero..quién sabe..quizá es la pequeña pieza que completa el puzzle,el mágico ingrediente que aglutina un maremágnum de muchísimas cosas que no terminan de casar la una con la otra, pero que al añadirse a la mezcla se vuelve de repente manjar exquisito, apto para paladerar con ansia, hecho para no gastarse nunca.
Pese a mis prejuicios archirepetidos en contra del gimnasio, el tiempo que siempre creí "perdido", el culto al cuerpo que siempre he criticado por restarle las horas al culto a la mente, aquí estoy. Porque, pensándolo bien, ¿quién en su sano juicio puede defender algo que no se fundamente en el equilibrio?. Y más yo, que como buena libra de enciclopedia y tarot barato cumplo cada rasgo con extrema exactitud:
; demasiado tiempo encasillada en uno de los brazos de esta balanza por fin comprendo que no no hay más camino que el se traza a dos pies.
Quizá mañana las agujetas me hagan cambiar de idea, quizá pasado continúe despotricando contra todo otra vez.
Pero yo siempre fui de intentarlo.
Como mínimo, me , os, prometo intentarlo.
En realidad esta frase bien pudiera ser: Hoy tuve los cojones de llevar a la práctica la decisión de apuntarme al gimnasio que tomé hace ya muuuuuchos meses.
Vaciada de cualquier posible excusa que me eximiera del sudor anticipado y la fatiga, del sabor a sangre de la garganta de quien odia el deporte con todas sus fuerzas,y que nunca ha ahorrado empeño alguno que tuviera como fin huir de cualquier esferzo distinto del de cómodamente pasear (con la excepción de la natación, deporte amado desde siempre), no me queda otra salida que enfrentarme a la prueba empírica que me sacará de dudas finalmente:
¿Podrá el gimnasio hacerme llegar a ese estado de felicidad y aceptación COMPLETA que no han conseguido ni la música, ni la literatura, ni el arte, ni los amigos, ni la familia, ni mis propias ganas de ser feliz?
Y obviamente sé que no. Pero..quién sabe..quizá es la pequeña pieza que completa el puzzle,el mágico ingrediente que aglutina un maremágnum de muchísimas cosas que no terminan de casar la una con la otra, pero que al añadirse a la mezcla se vuelve de repente manjar exquisito, apto para paladerar con ansia, hecho para no gastarse nunca.
Pese a mis prejuicios archirepetidos en contra del gimnasio, el tiempo que siempre creí "perdido", el culto al cuerpo que siempre he criticado por restarle las horas al culto a la mente, aquí estoy. Porque, pensándolo bien, ¿quién en su sano juicio puede defender algo que no se fundamente en el equilibrio?. Y más yo, que como buena libra de enciclopedia y tarot barato cumplo cada rasgo con extrema exactitud:
; demasiado tiempo encasillada en uno de los brazos de esta balanza por fin comprendo que no no hay más camino que el se traza a dos pies.
Quizá mañana las agujetas me hagan cambiar de idea, quizá pasado continúe despotricando contra todo otra vez.
Pero yo siempre fui de intentarlo.
Como mínimo, me , os, prometo intentarlo.
sábado, 1 de agosto de 2009
Lejos
Ahora que por mucho que estiremos los brazos
no podemos alcanzarnos,
es cuando te miro desde lejos y pregunto,
a ti que aunque quieras no puedes escucharme,
si acaso hubiera sido mejor no cruzar la línea,
para no tener ahora que extrañarte tanto,
para poder ahora no recordarte hasta la médula,
para no sufrir la desidia de mirar sin verte,
de sentir sin ser tú lo sentido.
Sólo tú,
que me has hecho tan tan tan feliz,
tienes la culpa de matarme.
Me pregunto a mí,
que aunque quiera no puedo contestarme,
cuánto tiempo me queda
para retenerte en cuerpo y alma,
ahora que el sudor se va llevando,
poco a poco,
de mi piel los restos de la tuya.
no podemos alcanzarnos,
es cuando te miro desde lejos y pregunto,
a ti que aunque quieras no puedes escucharme,
si acaso hubiera sido mejor no cruzar la línea,
para no tener ahora que extrañarte tanto,
para poder ahora no recordarte hasta la médula,
para no sufrir la desidia de mirar sin verte,
de sentir sin ser tú lo sentido.
Sólo tú,
que me has hecho tan tan tan feliz,
tienes la culpa de matarme.
Me pregunto a mí,
que aunque quiera no puedo contestarme,
cuánto tiempo me queda
para retenerte en cuerpo y alma,
ahora que el sudor se va llevando,
poco a poco,
de mi piel los restos de la tuya.
Psico-vísceras......
CARNE TRÉMULA,
HOMBRES...,
POEMAS
miércoles, 29 de julio de 2009
Nos debemos el uno al otro
No hay tregua válida, ni pipa de la paz posible,
que tenga el valor de desgajarnos el abrazo
cuando a la altura de tu pecho está mi boca,
y a la sombra de mi ombligo se agita un huracán.
No hay más rendición posible que la recíprocamente pactada,
ni más pérdida de prófugo aliento y grito mudo
que el que ya no quepa en nuestros risueños esófagos,
quizá aburridos de acabar cíclicamente en el mismo punto
donde cíclicamente nacen para comenzar de nuevo
la osadía de creerse suficientes estando solos.
Nos debemos el uno al otro.
Nos debemos el cuerpo que como animales
hasta encontrarnos no habíamos usado,
el rugido que como protocolarias personas
nos estábamos callando.
Nos debemos de pie y clandestinos,
por quemamos las pupilas con disimulo,
por pegarnos fuego al tocarnos,
por habernos encontrado entre los charcos
y hacer charcos cada nueva vez
que con saña nos abrazamos.
Nos debemos el uno al otro,
así como se debe la noche al día,
como se debe el que ama al amado
y el que sueña a su sueño,
como se deben dos bocas que no existieron
hasta conocerse el paladar,
y que tras probarse ya no entienden
otra forma de expresarse.
Porque con este sentir que la vida
nos explota entre las manos,
sería pecado no hacer magia
si así, juntos, podemos evitarlo.
que tenga el valor de desgajarnos el abrazo
cuando a la altura de tu pecho está mi boca,
y a la sombra de mi ombligo se agita un huracán.
No hay más rendición posible que la recíprocamente pactada,
ni más pérdida de prófugo aliento y grito mudo
que el que ya no quepa en nuestros risueños esófagos,
quizá aburridos de acabar cíclicamente en el mismo punto
donde cíclicamente nacen para comenzar de nuevo
la osadía de creerse suficientes estando solos.
Nos debemos el uno al otro.
Nos debemos el cuerpo que como animales
hasta encontrarnos no habíamos usado,
el rugido que como protocolarias personas
nos estábamos callando.
Nos debemos de pie y clandestinos,
por quemamos las pupilas con disimulo,
por pegarnos fuego al tocarnos,
por habernos encontrado entre los charcos
y hacer charcos cada nueva vez
que con saña nos abrazamos.
Nos debemos el uno al otro,
así como se debe la noche al día,
como se debe el que ama al amado
y el que sueña a su sueño,
como se deben dos bocas que no existieron
hasta conocerse el paladar,
y que tras probarse ya no entienden
otra forma de expresarse.
Porque con este sentir que la vida
nos explota entre las manos,
sería pecado no hacer magia
si así, juntos, podemos evitarlo.
Psico-vísceras......
CARNE TRÉMULA,
HOMBRES...,
POEMAS
martes, 28 de julio de 2009
Standing up
"...especially when were standing up, i think about it all the time"
I think about it all the time.
All the time.
All the time...
I think about it all the time.
All the time.
All the time...
Psico-vísceras......
CARNE TRÉMULA,
HOMBRES...
domingo, 26 de julio de 2009
Feeling 4
Qué va a ser de mí
ahora que la vida nos pone
tierra de por medio.
Cuántos pálpitos,
cuántas puñaladas,
crees que aguantaré.
Psico-vísceras......
CARNE TRÉMULA,
HOMBRES...,
IMÁGENES,
POEMAS
Feeling 3
Fue tan bonito pensar que podríamos
bebernos así, mientras hubiera sed.
Y sin embargo, pese a sobrarnos las ganas
de pegarnos fuego,
al final no sabemos cómo hacer
para apagar las llamas
que no tienen agallas
para escapar de nuestras bocas.
Y se dan la mano el deseo y la impotencia,
y pasan la noche juntos en el hotel que por cobardía
nunca visitamos tú y yo.
Y dejamos pasar los días
uno a uno y en silencio,
un poco más sabios,
un poco más muertos.
Psico-vísceras......
CARNE TRÉMULA,
HOMBRES...,
IMÁGENES,
POEMAS
Feeling 2
Me pregunto si estoy lo bastante loca para quererte en diferido o en eterno eco, para poder así repetir tu nombre hasta llagar mi lengua como último tributo, como gameto huérfano en busca de gameto huérfano.
Si estaré acaso lo bastante loca para arrugar las sábanas cada 18, y volcarme encima el aliento que te piensas llevar contigo.
Lo bastante loca como para correr tras una palabra tuya, para perder jugando y ganando nada haber conseguido todo.
Lo bastante loca como para haberte regalado el alma, sin tú pedirla, sin tu quererla, sin poder quedármela, después de ti, ya nunca.
Psico-vísceras......
CARNE TRÉMULA,
HOMBRES...,
IMÁGENES
lunes, 20 de julio de 2009
Feeling 1
Llegará el final del camino, y entre lo oscuro te disolverás como si nunca hubieras existido. Y por mucho que me estire todo lo cardíaco no tendré bastante perímetro de amor para volver puntual a ti cada manana, como un reloj.
Podré guardar de nuevo cuchillo y tenedor,pues no podré ya delicadamente devorarte, y no tendré caja donde admirar tus restos,ni tendré ya los lugares a los que acudir para contemplarnos.
Y quizá te vayas en silencio, o quizá montemos una escena donde de secundarios nos tiremos a besar juntos el escenario y cada asiento, disfrazados ambos de sonrisa.
Y puede que un día me vuelva loca y por olvidar olvide hasta el color que tenía tu boca, y que por olvidar olvide hasta que has devuelto el sentido a mi cuerpo a través del tuyo, y que has enseñado a mis ojos a sólo saber mirarte,y a mis letras a convertirte en sujeto y objeto de cada oración que escupo.
Legará el final del mundo, y no nos quedará más mal que contemplarlo cada uno a cada lado.
Psico-vísceras......
CARNE TRÉMULA,
HOMBRES...,
IMÁGENES
sábado, 27 de junio de 2009
Goodbye!!!!!!!!!..o mejor, "see you later!!!!!!!!!!!"
Ahora sí que es de verdad. En una hora salgo para Alicante,y esta noche dormiré en Dublín.
Ni siquiera podré celebrar el cumpleblog por todo lo alto, como tenía planeado.
Pero como muy tarde en un mes estaré aquí dando el follón, partiendo la sesera, derramando letras sin ton ni son.
Ya sabéis, hierba mala nunca muere ;)
Os quiero!!!
Ni siquiera podré celebrar el cumpleblog por todo lo alto, como tenía planeado.
Pero como muy tarde en un mes estaré aquí dando el follón, partiendo la sesera, derramando letras sin ton ni son.
Ya sabéis, hierba mala nunca muere ;)
Os quiero!!!
jueves, 25 de junio de 2009
El problema
El problema no viene cuando colocas el sillón frente a la puerta, y por sistema te quedas callado observando la cerradura, con el oído a medio metro de donde suena el timbre, y te quedas inmóvil esperando el momento en que la llave gire dentro, o que el ring te haga brincar de un salto y lanzarte de cabeza a abrir la puerta, que sin lugar a dudas va a dar paso a la felicidad.
El problema no viene cuando pides a todos los que entran en tu saloncito que bajen la voz, que no te molesten, que sus cuchicheos impertinentes no te permiten oír con propiedad. Y les callas e incluso les echas, con el cuello y los hombros cargados de la sempiterna postura, con los ojos inyectados de tanto fijar la vista, satisfecho de tu pericia, de tu tesón, convencido de que nadie se merece más que tú la felicidad; que nadie más que tú la ha esperado con tantas ganas.
El problema viene cuando al abrirse la puerta, sin preguntar quién es, agarras al susodicho del brazo y le sientas a la mesa, y le sacas del congelador tu suculento plato, y le colocas en el equipo la selección de música que hace tanto tiempo hiciste para estos casos, y le cuentas cómo te ha ido el día, le preguntas con amor cómo le ha ido a él, o a ella. Y te fumas un cigarro encantado, o en su defecto te limitas a sentirte lleno, y pleno, y feliz.
El problema viene cuando él, o ella, consigue hacer que le escuches al decirte que es sólo el cartero, o sólo el vecino, o sólo alguien que pasaba por allí y claramente se ha confundido.
El problema viene cuando te sientes miserable por no haber conseguido que se quedara a cenar contigo para toda la vida. Cuando piensas que si te hubieras puesto esa otra camisa, si hubieras sacado ese otro plato, o puesto ese otro cd, todo habría sido distinto. Y lo acompañas a la puerta y lo ves marcharse, y ni siquiera puedes odiarle porque estás demasiado ocupado odiándote a ti por haber hecho otra vez lo que estás haciendo de nuevo ahora, sentarte en el sillón frente a la puerta, triste, solo, roto, engañado, pobre, escarmentado, o no, con la ilusión de que el azar te trate bien, y el próximo sea el último.
Así que tienes dos opciones: preguntar quién es, y a qué viene, antes de abrir la puerta, o repetir esta historia tantas veces como quieras o puedas.
Al fin y al cabo es una forma de vivir, como tantas otras.
El problema no viene cuando pides a todos los que entran en tu saloncito que bajen la voz, que no te molesten, que sus cuchicheos impertinentes no te permiten oír con propiedad. Y les callas e incluso les echas, con el cuello y los hombros cargados de la sempiterna postura, con los ojos inyectados de tanto fijar la vista, satisfecho de tu pericia, de tu tesón, convencido de que nadie se merece más que tú la felicidad; que nadie más que tú la ha esperado con tantas ganas.
El problema viene cuando al abrirse la puerta, sin preguntar quién es, agarras al susodicho del brazo y le sientas a la mesa, y le sacas del congelador tu suculento plato, y le colocas en el equipo la selección de música que hace tanto tiempo hiciste para estos casos, y le cuentas cómo te ha ido el día, le preguntas con amor cómo le ha ido a él, o a ella. Y te fumas un cigarro encantado, o en su defecto te limitas a sentirte lleno, y pleno, y feliz.
El problema viene cuando él, o ella, consigue hacer que le escuches al decirte que es sólo el cartero, o sólo el vecino, o sólo alguien que pasaba por allí y claramente se ha confundido.
El problema viene cuando te sientes miserable por no haber conseguido que se quedara a cenar contigo para toda la vida. Cuando piensas que si te hubieras puesto esa otra camisa, si hubieras sacado ese otro plato, o puesto ese otro cd, todo habría sido distinto. Y lo acompañas a la puerta y lo ves marcharse, y ni siquiera puedes odiarle porque estás demasiado ocupado odiándote a ti por haber hecho otra vez lo que estás haciendo de nuevo ahora, sentarte en el sillón frente a la puerta, triste, solo, roto, engañado, pobre, escarmentado, o no, con la ilusión de que el azar te trate bien, y el próximo sea el último.
Así que tienes dos opciones: preguntar quién es, y a qué viene, antes de abrir la puerta, o repetir esta historia tantas veces como quieras o puedas.
Al fin y al cabo es una forma de vivir, como tantas otras.
miércoles, 24 de junio de 2009
Sóplame en el cuello, vida
A dónde crees que vas andando sobre mojado, fingiendo que no sabes que son tus pies los que convierten la tierra en barro allá por donde van. A dónde creo que voy así, sin más cuerpo que el que llevo por mochila, sin más alma que la que sale y entra y sale y entra respirando a borbotones. A pompas de jabón.
Sin más vida vivida que tropiezos. Sin más camino que escaleras. Sin más arreglo que un lavado con lejía y agua fría. Sin más clase que una modesta elegancia derivada de cierto tipo de caducos principios.
Sóplame en el cuello, vida, que aún estamos a tiempo de hacernos el amor tú y yo. Aún estamos a tiempo de declararnos la guerra tantas veces como treguas me concedas, como felicidad me atrases, como palizas me devuelvas.
Sóplame en el cuello, vida, que me queman venas y cartílagos, y he reservado para ti y para mí la suite más alta en el hotel más viejo, con champán a dos copas y cerradura por dentro, a ver si la una frente a la otra llegamos a algún tácito acuerdo que me devuelva al buen camino del que algún día sin querer me desvié.
Sóplame en el cuello, vida, que cuando no me das calor tengo frío, mucho frío.
Y si sólo nos espera la muerte, y si por morir hay que morir, y testaruda y necia no me das tú, maldita vida, lecho de carne, entonces yo escojo morir de pie.
Y que por sonreír, sonrían hasta los gusanos.
Sin más vida vivida que tropiezos. Sin más camino que escaleras. Sin más arreglo que un lavado con lejía y agua fría. Sin más clase que una modesta elegancia derivada de cierto tipo de caducos principios.
Sóplame en el cuello, vida, que aún estamos a tiempo de hacernos el amor tú y yo. Aún estamos a tiempo de declararnos la guerra tantas veces como treguas me concedas, como felicidad me atrases, como palizas me devuelvas.
Sóplame en el cuello, vida, que me queman venas y cartílagos, y he reservado para ti y para mí la suite más alta en el hotel más viejo, con champán a dos copas y cerradura por dentro, a ver si la una frente a la otra llegamos a algún tácito acuerdo que me devuelva al buen camino del que algún día sin querer me desvié.
Sóplame en el cuello, vida, que cuando no me das calor tengo frío, mucho frío.
Y si sólo nos espera la muerte, y si por morir hay que morir, y testaruda y necia no me das tú, maldita vida, lecho de carne, entonces yo escojo morir de pie.
Y que por sonreír, sonrían hasta los gusanos.
Magia
Qué futuro nos espera si renunciamos a la magia.
Me declaro culpable de no soñar lo alto que debiera, de volar con un ala dejando la otra en el cajón criando polvo y mugre. A dónde pretendo llegar si fijo mis ojos en una meta que está justo al lado contrario de a donde dirijo mis pies.
Me declaro culpable de tener tanta prisa por llegar que no soy conciente de que cuando alcance lo que he buscado y busco, con las manos llenas de esta nada, se caerá el polvo entre mis dedos. Por no saber esperar, por no buscar, por correr, por conformarme, por conformarme, por conformarme, por conformarme, por conformarme.
Qué vida me espera si desde hoy la hago pobre.
Qué me queda si me niego la posibilidad de dolerme en el cuerpo de otro, y a la misma vez reírme y secarme en el llanto de otro cuerpo sobre el mío.
Qué sentido tendría mi vida si por cobardía o miedo o soledad me condeno a vivir en gris.
No.
No sabiendo que hay magia ahí fuera.
No hasta que me salpique en la boca. De lleno. De pleno. Entera.
Me declaro culpable de no soñar lo alto que debiera, de volar con un ala dejando la otra en el cajón criando polvo y mugre. A dónde pretendo llegar si fijo mis ojos en una meta que está justo al lado contrario de a donde dirijo mis pies.
Me declaro culpable de tener tanta prisa por llegar que no soy conciente de que cuando alcance lo que he buscado y busco, con las manos llenas de esta nada, se caerá el polvo entre mis dedos. Por no saber esperar, por no buscar, por correr, por conformarme, por conformarme, por conformarme, por conformarme, por conformarme.
Qué vida me espera si desde hoy la hago pobre.
Qué me queda si me niego la posibilidad de dolerme en el cuerpo de otro, y a la misma vez reírme y secarme en el llanto de otro cuerpo sobre el mío.
Qué sentido tendría mi vida si por cobardía o miedo o soledad me condeno a vivir en gris.
No.
No sabiendo que hay magia ahí fuera.
No hasta que me salpique en la boca. De lleno. De pleno. Entera.
Meemos el mundo!
Siempre tienes la razón. No sé cómo lo haces, pero sabes exactamente dónde darme. Escoges los consejos idóneos, los momentos oportunos, las palabras adecuadas. Incluso cuando te callas ya me lo estás diciendo todo.
Y yo sólo puedo darte las gracias.
Gracias por abofetearme la cara con tu aire limpio.
Gracias por no perder nunca la paciencia conmigo.
Por recordarme cada vez que te veo que soy especial.
Especial, al menos, si eres tú quien me mira.
Y yo sólo puedo darte las gracias.
Gracias por abofetearme la cara con tu aire limpio.
Gracias por no perder nunca la paciencia conmigo.
Por recordarme cada vez que te veo que soy especial.
Especial, al menos, si eres tú quien me mira.
domingo, 21 de junio de 2009
Mundo maravilloso
En el mundo mueren cada año dos millones de personas víctimas de la malaria, hecho que se podría prevenir simplemente con instalar mosquiteros.
Ni prevenir, ni curar.
¿Para qué? ¡Ni que fueran personas!
Ni prevenir, ni curar.
¿Para qué? ¡Ni que fueran personas!
martes, 16 de junio de 2009
A largo plazo
Algún día entenderás que no por ir despacio se anda más seguro,
que no por desear menos fuerte la caida ya no duele,
que no hay fórmula alguna que funcione porque toca,
que no es más sabio quien más se controla, sino quien antes reconoce la oportunidad, y la agarra, y la estira, y se mete dentro de ella, y la bucea, y la ama, y la vive, que para perder siempre estamos a tiempo.
Quizá a ti no te guste mirar a largo plazo, no me meto.
Pero tal vez por el precio de una vida tuya, yo haya disfrutado dos.
O puede que al final tú lleves la razón, y hagas bien reservando los tequiero.
Para mientras, deja que te quiera yo.
que no por desear menos fuerte la caida ya no duele,
que no hay fórmula alguna que funcione porque toca,
que no es más sabio quien más se controla, sino quien antes reconoce la oportunidad, y la agarra, y la estira, y se mete dentro de ella, y la bucea, y la ama, y la vive, que para perder siempre estamos a tiempo.
Quizá a ti no te guste mirar a largo plazo, no me meto.
Pero tal vez por el precio de una vida tuya, yo haya disfrutado dos.
O puede que al final tú lleves la razón, y hagas bien reservando los tequiero.
Para mientras, deja que te quiera yo.
Psico-vísceras......
HOMBRES...,
PÁJAROS,
YO
domingo, 14 de junio de 2009
Se me heló la piel de no sentir tu aliento.
Gracias a Dios, tú siempre vuelves...
Gracias a Dios, tú siempre vuelves...
Psico-vísceras......
HOMBRES...,
PÁJAROS
jueves, 11 de junio de 2009
Mundo Maravilloso
NOTA
En la facultad de Bellas Artes, ciertos profesores nos inculcan que el Arte debe ser crítico.
Independientemente de lo que yo piense al respecto, creo que hacer un arte crítico, y acto seguido ir a casa a continuar con una vida hipócrita que en nada difiere de la de cualquier otro hipócrita normal y corriente (salvo en que este segundo no va por la vida con ínfulas de cambiar el mundo) , me ha hecho reflexionar que de nada sirve ser crítico en el Arte, si no lo somos en la vida. Así que decido intentar cambiar eso, concienciarme un poquito más de los problemas del mundo (no para ser mejor artista, sino para ser mejor persona), y contribuir a concienciar a los demás, con el afán de que algún día los gritos de unos pocos se conviertan en el himno de unos muchos.
De esta forma queda inaugurada una nueva etiqueta en este blog, “Mundo maravilloso”, que de forma irónica recogerá aquellos sucesos de la vida cotidiana que ilustren claramente lo podrido que está el mundo, y lo podridos que estamos todos.
MUNDO MARAVILLOSO Nº1
Quiero aprovechar para mandar un enorme saludo al jefe del boliviano sin papeles Edgar Franns Rillers Melgar, que ha preferido quedarse en el anonimato tras su heroica acción, sin duda por su extrema humildad.
Mi abrazo y admiración va por su humanitaria forma de actuar, cuando a su explotado trabajador (ya citado anteriormente), se le quedó pillado el brazo en la máquina amasadora de pan (como es lógico, perdiéndolo por completo), en la fábrica de Gandía donde trabajaba. El jefe acudió prontamente al rescate, y como un caballero, cogió el brazo, lo tiró a la basura, y llevó en coche al herido, dejándolo a un par de manzanas del hospital, bajo la prohibición terminante de no revelara su nombre bajo ningún concepto.
Cuando la policía encontró el brazo, siete horas después, ya era demasiado tarde para su reimplante, aunque poco nos importa lo que le pase a un sudamericano (lo de los papeles es secundario).
Así que, muchísimas gracias a ese hombre que antepuso (como quizá hubieran (o hubiéramos, desgraciadamente no lo sé) hecho muchos), su bienestar profesional, sin importarle demasiado que un ser humano, (raramente tratado como tal), perdiera algo tan superficial como un brazo, que por supuesto le impedirá volver a trabajar en cualquier trabajo apto para inmigrantes.
Gracias por ser un ejemplo del maravilloso mundo en que vivimos.
En la facultad de Bellas Artes, ciertos profesores nos inculcan que el Arte debe ser crítico.
Independientemente de lo que yo piense al respecto, creo que hacer un arte crítico, y acto seguido ir a casa a continuar con una vida hipócrita que en nada difiere de la de cualquier otro hipócrita normal y corriente (salvo en que este segundo no va por la vida con ínfulas de cambiar el mundo) , me ha hecho reflexionar que de nada sirve ser crítico en el Arte, si no lo somos en la vida. Así que decido intentar cambiar eso, concienciarme un poquito más de los problemas del mundo (no para ser mejor artista, sino para ser mejor persona), y contribuir a concienciar a los demás, con el afán de que algún día los gritos de unos pocos se conviertan en el himno de unos muchos.
De esta forma queda inaugurada una nueva etiqueta en este blog, “Mundo maravilloso”, que de forma irónica recogerá aquellos sucesos de la vida cotidiana que ilustren claramente lo podrido que está el mundo, y lo podridos que estamos todos.
MUNDO MARAVILLOSO Nº1
Quiero aprovechar para mandar un enorme saludo al jefe del boliviano sin papeles Edgar Franns Rillers Melgar, que ha preferido quedarse en el anonimato tras su heroica acción, sin duda por su extrema humildad.
Mi abrazo y admiración va por su humanitaria forma de actuar, cuando a su explotado trabajador (ya citado anteriormente), se le quedó pillado el brazo en la máquina amasadora de pan (como es lógico, perdiéndolo por completo), en la fábrica de Gandía donde trabajaba. El jefe acudió prontamente al rescate, y como un caballero, cogió el brazo, lo tiró a la basura, y llevó en coche al herido, dejándolo a un par de manzanas del hospital, bajo la prohibición terminante de no revelara su nombre bajo ningún concepto.
Cuando la policía encontró el brazo, siete horas después, ya era demasiado tarde para su reimplante, aunque poco nos importa lo que le pase a un sudamericano (lo de los papeles es secundario).
Así que, muchísimas gracias a ese hombre que antepuso (como quizá hubieran (o hubiéramos, desgraciadamente no lo sé) hecho muchos), su bienestar profesional, sin importarle demasiado que un ser humano, (raramente tratado como tal), perdiera algo tan superficial como un brazo, que por supuesto le impedirá volver a trabajar en cualquier trabajo apto para inmigrantes.
Gracias por ser un ejemplo del maravilloso mundo en que vivimos.
Psico-vísceras......
MUNDO MARAVILLOSO
martes, 9 de junio de 2009
Pre- Cumpleblog
Para todos aquellos que no me conocíais cuando este blog era primero anónimo y luego totalmente a-popular, sólo transmitiros mi alegría inconmensurable , porque gracias a vosotros, a la energía que me transmitís y que me hace seguir aquí, cada día, escribiendo, dentro de poco celebraré mi primer cumple-blog, que, por si no os habéis dado cuenta, será el 29 de Junio, Sí, el día que España ganó la Eurocopa!!!!! (Bonita casualidad, y bonita efeméride!!!!!!!!!!!!!!!!!!!)
Besos a todos, y muchas, muchas gracias ^^
Besos a todos, y muchas, muchas gracias ^^
domingo, 7 de junio de 2009
La sonrisa que te deben mis pétalos

He sido pequeña toda la vida para caber en tus manos cuando llegaras. Practiqué cada día contorsionismo y pizpiretería sin otro afán que ser centella constante a tu paso. He estudiado modelos de conducta varios, catalogándolos en ficheros analógicos para contrastarlos luego con tu forma de ser, y escoger la mejor pose, el mejor comentario, el mejor perfume, la mejor máscara.
Pero no, decididamente me sorprendes.
No contaba con que tú preferirías a la chica normal y corriente, al ser rutinario de humor llevable y neuras escondidas.
No contaba con que siendo como soy aún seguirías aquí, quemando cada día sin encender fuego alguno, priorizando lo priorizable de mutuo acuerdo.
No contaba con que fuera posible quererte a ti sin dejar de quererme a mí. Y lo has hecho posible, así, sin preámbulos, deshaciendo preliminares innecesarios, porque ambos tenemos esencia para llenar cacerolas a patadas.
No es culpa de nadie que nos hagamos grandes juntos.
Quien lo hubiera dicho. Tanto entrenamiento, y con ser ha bastado.
No contaba con que fuera tan fácil quererte, quererte con calma, y a rabiar. No me dejas otra que echar más cemento a los cimientos porque cada día merece más la pena pelear tu casa.
Así que hoy te pago por fin la deuda que me queda, y te regalo la sonrisa que te deben mis pétalos. No la que fruncen mis labios cuando te tengo enfrente; no la que se me escapa cuando me haces tan feliz. Es la sonrisa que hemos ensayado durante tantos días, todas las yo secundarias, la yo que conoces, la yo que aún hoy no reconoces, y que contra todo pronóstico no es la que te hace estar conmigo.
Todas, y de mutuo acuerdo, dejamos por un momento de fingir públicamente que estamos tristes.
Desde que has llegado, no nos lo haces posible.
Psico-vísceras......
HOMBRES...,
PÁJAROS
sábado, 6 de junio de 2009
Bolonia
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Que paren Bolonia!!!!!!!!!!!!!!
De noche no me deja dormir....
De noche no me deja dormir....
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