No hay poema que esta humilde pudiera escribir
que hiciera justicia a cuán valiente fuiste
enfrentándote a mis leones guardianes,
cuán seductora es tu pierna en bachata
tus dientes- tan perfectos- que no puedo parar
de dejarme morder por ellos,
cómo de insustancial y borroso
es el mundo fuera de nuestro perímetro de seguridad.
Cuán fuerte es la sonrisa,
cómo me duelen las comisuras de quererte,
de sentirte, de encontrarme en todas las canciones
que hablan de ti, y que uso cual ladrona
para decirte que no puedo, que no puedo vencer este imán
que me empuja inexorablemente.
Y contigo siempre es fácil, cantos rodados.
Me dejas ser yo, tenía que ser yo.
Y tenías que ser tú el equilibrio perfecto,
el desfile de hormigas por mi cuello,
tus brazos rodeando cada uno de mis sueños.
Hoy no puedo hacerte un poema
porque superas toda literatura a mi humilde alcance,
te quedas a la altura de los grandes,
y yo dedico el tiempo de la rima
a cerrar los ojos y aspirar tu olor,
a intentar grabarlo como una manta que me arrope
los solitarios días que tú no puedas hacerlo.
(5)
Suena "Tormenta de Arena", de Dorian.
Y esto no es la Razzmataz.
Deshojaré amaneceres -una y otra vez, mientras tú (me / lo) quieras- preguntándome los mismos miedos, ardiendo cada día en estos locos deseos reflejados en nuestro cielo de jirones.
I took my love, I took it down Climbed a mountain and I turned around And I saw my reflection in the snow covered hills 'Til the landslide brought it down Oh, mirror in the sky What is love? Can the child within my heart rise above? Can I sail through the changin' ocean tides? Can I handle the seasons of my life?
Well, I've been afraid of changin' 'Cause I've built my life around you But time makes you bolder Even children get older And I'm getting older too And I'm getting older too Oh, take my love, take it down Climb a mountain and turn around
And if you see my reflection in the snow covered hills Well the landslide will bring it down And if you see my reflection in the snow covered hills Well the landslide will bring it down The landslide will bring it down Suena "Landslide" en directo, de Fleetwood Mac
Al levantarme hoy me di cuenta
de que no sé cuánto tiempo llevo siendo hoja de otoño
con el otoño ya caduco,
cuánto bailando frenética entre las copas de los árboles
creyendo que el suelo nunca llegaría a conocer este lado mío
en el que todo se desliza como el agua,
se detiene como el polvo.
No tengo referencias, no sé las horas, los días,
la epidermis que hace que solté el tallo,
cuánto llevo bailando, sola, entre tantas otras hojas,
cuánto he consumido de la savia,
cuánto jugaremos la gravedad y yo a creernos amigas,
como si al final no fuese ella más fuerte,
como si al acabar el juego no me fuera a pisar el corazón.
En cualquier caso no hay culpables,
yo tracé mi camino y no puedo engañarme, todo lo he escogido yo.
Las veces que he llorado en vez de reír,
las que perdoné cuando debí salir corriendo
o aquéllas, pocas, en las que no me dejé la piel lo suficiente.
No hay más culpable que el invierno, que ha venido a arrasarlo todo
a soplar más fuerte, a acelerarme, a pudrirme,
a vengarse a golpe de pulmón.
Y yo me he dado cuenta, tarde como siempre,
de que el suelo ya lo tengo a un palmo,
con tanto que me quedaba por bailar, a mí.
Así que espero que al menos, si ya para esta hoja es tarde
(y no es mucho pedir)
te abrigues un minuto de silencio
y lo dediques a pensar en mí -tú que tienes esa suerte-
y en todo lo que no has podido,
en todo lo que no has sabido,
en tu manera de vivir.
De pronto un día el agua empezó a caer,
del suelo seco una flor empezó a crecer
y no paró, y no paró
hasta llegar al centro de tu corazón.
De pronto un día tus ojos empiezan a ver
todo lo bueno que queda por conocer.
Y no paró, y no paró
hasta llegar al centro de tu corazón.
Ya no temo a las mareas que vienen y van,
ahora me tumbo en la arena a verlas pasar.
Ya no temo a las mareas que vienen y van,
ahora me tumbo en tus piernas a verlas bailar.
Ya no temo a las mareas que vienen y van,
ahora me tumbo en la arena a verlas pasar.
Ya no temo a las mareas que vienen y van,
ahora me tumbo en tus piernas a verlas bailar.
(Ya no temo a las mareas que vienen y van,
ahora me tumbo en la arena a verlas pasar.
Ya no temo a las mareas que vienen y van,
ahora me tumbo en tus piernas a verlas bailar.)
Al sonido abrumador del aire le arrebató el sitio la calma, la garantía, la sorpresa. La distancia se redujo a cero y sorprendentemente no hallé al otro lado un desconocido, tampoco un torbellino ni una ola, no me arrastró un tifón ni cubrieron las mariposas de seda las estancias. Fue todo lo contrario; fue una pasarela, un puente entre las aguas tranquilas, fue volver a casa, nunca haberme movido de mi casa.
El momento en que la distancia se redujo a cero cambió de golpe todo lo que había entre nosotros, todo lo que escapaba de nosotros. Trajo a la mesa los ladridos de los perros. Trajiste a la sala el pelo, la música, ningún nuevo acorde que en su día no me hubiera hecho llorar.
Me cubriste como una colcha de retales donde cada uno era un uno al que quise antes, todos los unos a los que no he podido borrar. No hay nada nuevo en ti, ni en tu forma de mirarme, salvo tus ojos. Nada nuevo en ti, ni en tu manera de hablarme, salvo tu voz.
Y aún la oigo, cálida y sonriente como un arrullo, me calma el pulso, me tranquiliza.
Nos miras desde fuera de la pecera, nos prendes fuego con tu lupa y reirías, si te hubiesen enseñado a reír.
Y en los escasos momentos en que no te odio me das tanta, tantísima pena, que a veces creyera que en un universo paralelo podría compadecerme de ti.
Pero en éste, en éste de ahora, en éste en el que no mereces más que llanto, el reloj da la hora en punto y hoy ya no pierdo un segundo más para escapar de aquí.
Todas las cosas por las que te amé las encuentro a retazos en la gente. A veces me olvido y de repente aparecen frente a mí. No son las tuyas, lo sabemos ambos. Pero podrían serlo. Se parecen, huelen; huelen como tú a Miyake y olvido.
Las malas también las veo, y me apartan del inocente como un resorte, relincho como una fiera y corro como si me fuera la vida en ello, escapando de un miedo voraz. La terapia ayuda pero va lenta, yo sólo tengo prisa, ansia, traumas, y ambos sabemos que aún no sé.
Pero todas las cosas por las que decidí jugármela a duras penas las recuerdo, y esas no las encuentro entre la gente, esas sólo las alcanzo en mí.
Me la jugué porque estoy lista, y tan sólo necesito recordarlo.
La culpa de que no hablemos el mismo idioma depende de a dónde apunte esta noche la ruleta. La golpeo con todas mis ganas y gira, gira, gira, y yo tiemblo, tiemblo, tiemblo, para que no me toque a mí; para que sea sólo culpa tuya, tuya, tuya, y que el castigo no se vuelva contra mí.
Eres la promesa rota de un mañana completamente agotado,
exhausto ya antes de abrir los ojos, de estirar los brazos y combar la espalda hasta quebrarse y volverse harapos.
Ya antes de eso incluso -mucho antes de eso- nos hemos cansado, extenuados ya de rompernos a cabezazos, como bárbaros.
Y créeme que me esfuerzo, contra viento y marea, me esfuerzo en levantarme, en disfrutar. Cuerda a cuerda y peldaño a peldaño escalo esta espiral suspendida, no pierdo la fe en el hombre, en ti, en mí.
He enterrado el hacha de guerra conmigo misma, pero también contigo.
He entendido que la vida hila fino, fino teje y no mata, por mucho que desangre.
Yo, paso a paso, voy encontrándome en el lugar correcto mientras tú, brinco a brinco, te alejas.
Y no es malo, supongo. Fuimos noche y día, fuimos fuego y hielo, pólvora y bala, fuimos todo y nada. Lo fuimos todo, a lo bicéfalo, aunque hoy seamos sólo esto que nos queda.
Y sin embargo…
…hoy he encontrado viejas palabras nuestras, he sentido de golpe toda la magnitud de lo que fuimos, el ímpetu de las olas rompiendo contra aquella arena, y no entiendo cómo pudo cabernos tanto adentro, cómo puede haberse vuelto tan liviano, tan borroso, que si no me esfuerzo no recuerdo lo que era morir -morir de ti, y en ti- y el corazón como una bomba siempre a punto de perder la cuenta.
Y no es malo, supongo, dejarlo ir, aunque tengo claro
que como yo te he soñado no habrá en mi mundo ya más sueños,
ni siquiera cuando esté despierta,
y como yo te he querido sé que no se volverá a querer sobre la faz de la tierra,
ni en esta vida ni en ninguna de las venideras.
Suena: "I was a cloud", y tú en Shearwater, siempre.
Ahora que ya ha pasado un tiempo seguro que- acompasado por leves episodios de nostalgia- te sientas frente a la pared y cierras los ojos, dándote, aún en silencio, la razón.
Cierras seguro los ojos y dejas escaparse la bocanada del humo que ya no fumas, te agarras al silencio que marca ahora tu tic tac. Y seguro que, al menos a veces, dedicas algo de tu tiempo a pensar.
No podía ser amor eso en lo que nos habíamos convertido. No podía ser ya amor ese saberme de memoria, ese no sorprenderte ya nada de mí, el anticiparnos las palabras, las acciones, los deseos.
Terminar la cuenta del otro, creer que ya no podía quedar nada por descubrir, por hacer, por invadir, nada que pudiera hacernos sangre. Ese sentimiento de pertenencia absoluta y oscuramente profunda ya no era pájaros, ni culebras, ni espino, ni veneno, ni el más rojo de los cielos, ni literatura de la cara o la barata.
Y coges tus llaves, ya no sé en qué bolso las estás metiendo, ya no sé qué chaqueta vas a ponerte, si será nueva, si la conozco, si la reconoceré. Pero seguro que coges tus llaves y cierras la puerta, y yo sigo ahí evaporándome un rato más como el humo que ya no fumas, desdibujada entre los regalos de tu pared, recorriendo tus muebles, tus paredes, tus restos, hasta que por fin -sin resistencia alguna- me dejes desaparecer.
Hay tres canciones y un bucle que hoy llevan muérdago prendido de cada estrofa...
Mi asesina, de Coque Malla
Me miraste desde abajo Te sabías mi canción Preguntaste "quieres algo" Me bajaste el pantalón
No tenías veinte años Ya tenías un millón Me sacaste de mi casa Y he perdido la razón
Soy tu esclavo, soy tu amo soy tu rey o tu bufón soy tu héroe o tu asesino soy tu hombre, soy tu amor
Con tus plumas y tus velas Me metiste en un rincón Como un lobo solitario Que me muerde el corazón
Me has puesto plomo en los pies Y ahora todo está al revés Las estrellas en el suelo Los amigos en el cielo
Eres sólo mi asesina Te busqué toda mi vida Eres sólo mi asesina Eres mi mejor amiga
Te fumabas un cigarro Y me abrías el buzón No tenías un problema Yo tenía más de dos
Me has clavado en la pared mientras cuentas hasta tres disimulas los cuchillos y yo miro tu vestido
Eres sólo mi asesina Te busqué toda mi vida Eres solo mi asesina Eres mi mejor amiga
Y en el baile de la rendición
todo el anhelo, la delicia
de protegerme
otra vez
será real.
Porque estaremos aún mojados
por la lluvia,
y la unión de
tus ojos
y mis ojos será fatal
y perfecta
Déjate llevar, de Coque Malla
Estamos solos
nadie nos mira
nadie vigila
nadie conspira.
Déjate llevar
deja de frenar.
Haciendo planes
haciendo un nido
enamorado
y decidido.
Déjate llevar
deja de frenar.
Tú quieres todo de repente
no tengas prisa
no es tan urgente
y yo sé qué vale aquel bailar
tú sólo déjate llevar.
Bruja del norte
bruja encendida
eres mi casa
eres mi vida.
Déjate llevar
deja de frenar.(x3)
Te sigo soñando, de Depedro
Si alguna vez huí, de mi vida contigo, perdóname cariño, estaba distraído No veía color en esta marea había mucho calor en la frontera Me sigues gustando, te sigo soñando, es ésta la forma que tengo, cariño, de demostrarlo Si todo es mentira, y la mentira soy yo deja que esta vez, te hable con mi valor Siempre te he fallado si me has necesitado, si siempre me perdonas no cambiaré ahora Me sigues gustando, te sigo soñando, es ésta la forma que tengo, cariño, de demostrarlo
Llevaba tiempo viéndola preparase, mirarme, buscarme.
Me llamaba sin palabras, me lloraba sin lágrimas, tratando
de hacerme ver que el vuelo estaba en marcha, que sólo yo podría detenerla, con
mi vida.
Y fingí no darme cuenta. Miré para otro lado. Lo sabía
entonces, lo supe condenadamente, lo sigo sabiendo, lo veo en el pulso agitado,
en el miedo que me hiela.
Y no me levanto; atada a mis dudas infinitas sigo muerta, no
puedo levantar los brazos y agarrarla, no quiero llamarla, ni perderla, ni
llorarla, ni vivirla, ni calmarla.
No quiero con ella, quiero con todas. No quiero conmigo,
quiero con nada, y con todo. Quiero con esta falsa seguridad y con mi
inseguridad a moratones, con mi autoestima autoingfligida. Que me revienten en
el pecho todos los todos, que me insuflen esa vida artificial que ahora es
pegamento.
Aunque luego llore porque no la tengo a ella, a mi golondrina.
Aunque luego llore, y llore, y llore, y llore, y nunca jamás
entienda por qué la dejé ir.
humo verde, agrio, amargo, sucio y maloliente, que apesta
desde aquí.
Es cierto que crece y crece y se vuelve vendaval y me azota
con saña y savia amarga.
Y a este lado de la vida te busco y en cambio, por el otro
me repugnas malamente, a lo grande. En cualquier caso no seré sujeto pasivo-o
sí- de esta oración porque la sintaxis ya me la han conjugado muchas veces, y
ya no me la miro, sinceramente.
Y no quieres ir a la feria, me dices mientras te agarras al
tiovivo y me arrastras, a mí que no me gustan los juegos (ni jugar, ni contarlo,
ni vivir si quiera). Me arrastras y se me suelta el pelo, se me cae la goma, la
moral, se me alaxa la cordura y vuelvo a ser pequeña, traviesa, y sigo siendo
grande, mayor, insegura, reprimida.
Y me bajo del tiovivo arrugada como una pasa, presa,
estanca, verde, agria, sucia, amarga,
y como el humo,
apesto desde aquí.
El viento soplará en tu pelo abriéndote la frente, apenas mostrarás
tus tallos al sol forzudo, hambriento, y ya habré yo deshojado marchitas mis
espinas.
Para entonces no acudirás a nuestra cita, de sobra lo sé yo. Pero esto
que me has hecho…. Esto no te lo perdono. No me lo perdono…
Quizá nunca supiste a dónde ibas,
no lo escuchaste -tan leve- de mis labios,
y vimos a la interperie caer la lluvia,
nos bañamos del sudor de otros, quemándonos
con el hielo del triste poso de los años.
Pero si rozas mi mano ahora desvanezco, amor,
ahora,
como una nube que asciende y asciende suspendida,
que se eleva y que se aleja y exalta
y que a morir siempre vuelve a tu pecho
para nacer de nuevo y mojar tu espalda.