Todas las cosas por las que te amé las encuentro a retazos en la gente. A veces me olvido y de repente aparecen frente a mí. No son las tuyas, lo sabemos ambos. Pero podrían serlo. Se parecen, huelen; huelen como tú a Miyake y olvido.
Las malas también las veo, y me apartan del inocente como un resorte, relincho como una fiera y corro como si me fuera la vida en ello, escapando de un miedo voraz. La terapia ayuda pero va lenta, yo sólo tengo prisa, ansia, traumas, y ambos sabemos que aún no sé.
Pero todas las cosas por las que decidí jugármela a duras penas las recuerdo, y esas no las encuentro entre la gente, esas sólo las alcanzo en mí.
Me la jugué porque estoy lista, y tan sólo necesito recordarlo.
La culpa de que no hablemos el mismo idioma depende de a dónde apunte esta noche la ruleta. La golpeo con todas mis ganas y gira, gira, gira, y yo tiemblo, tiemblo, tiemblo, para que no me toque a mí; para que sea sólo culpa tuya, tuya, tuya, y que el castigo no se vuelva contra mí.
Eres la promesa rota de un mañana completamente agotado,
exhausto ya antes de abrir los ojos, de estirar los brazos y combar la espalda hasta quebrarse y volverse harapos.
Ya antes de eso incluso -mucho antes de eso- nos hemos cansado, extenuados ya de rompernos a cabezazos, como bárbaros.
Y créeme que me esfuerzo, contra viento y marea, me esfuerzo en levantarme, en disfrutar. Cuerda a cuerda y peldaño a peldaño escalo esta espiral suspendida, no pierdo la fe en el hombre, en ti, en mí.
He enterrado el hacha de guerra conmigo misma, pero también contigo.
He entendido que la vida hila fino, fino teje y no mata, por mucho que desangre.
Yo, paso a paso, voy encontrándome en el lugar correcto mientras tú, brinco a brinco, te alejas.
Y no es malo, supongo. Fuimos noche y día, fuimos fuego y hielo, pólvora y bala, fuimos todo y nada. Lo fuimos todo, a lo bicéfalo, aunque hoy seamos sólo esto que nos queda.
Y sin embargo…
…hoy he encontrado viejas palabras nuestras, he sentido de golpe toda la magnitud de lo que fuimos, el ímpetu de las olas rompiendo contra aquella arena, y no entiendo cómo pudo cabernos tanto adentro, cómo puede haberse vuelto tan liviano, tan borroso, que si no me esfuerzo no recuerdo lo que era morir -morir de ti, y en ti- y el corazón como una bomba siempre a punto de perder la cuenta.
Y no es malo, supongo, dejarlo ir, aunque tengo claro
que como yo te he soñado no habrá en mi mundo ya más sueños,
ni siquiera cuando esté despierta,
y como yo te he querido sé que no se volverá a querer sobre la faz de la tierra,
ni en esta vida ni en ninguna de las venideras.
Suena: "I was a cloud", y tú en Shearwater, siempre.
Ahora que ya ha pasado un tiempo seguro que- acompasado por leves episodios de nostalgia- te sientas frente a la pared y cierras los ojos, dándote, aún en silencio, la razón.
Cierras seguro los ojos y dejas escaparse la bocanada del humo que ya no fumas, te agarras al silencio que marca ahora tu tic tac. Y seguro que, al menos a veces, dedicas algo de tu tiempo a pensar.
No podía ser amor eso en lo que nos habíamos convertido. No podía ser ya amor ese saberme de memoria, ese no sorprenderte ya nada de mí, el anticiparnos las palabras, las acciones, los deseos.
Terminar la cuenta del otro, creer que ya no podía quedar nada por descubrir, por hacer, por invadir, nada que pudiera hacernos sangre. Ese sentimiento de pertenencia absoluta y oscuramente profunda ya no era pájaros, ni culebras, ni espino, ni veneno, ni el más rojo de los cielos, ni literatura de la cara o la barata.
Y coges tus llaves, ya no sé en qué bolso las estás metiendo, ya no sé qué chaqueta vas a ponerte, si será nueva, si la conozco, si la reconoceré. Pero seguro que coges tus llaves y cierras la puerta, y yo sigo ahí evaporándome un rato más como el humo que ya no fumas, desdibujada entre los regalos de tu pared, recorriendo tus muebles, tus paredes, tus restos, hasta que por fin -sin resistencia alguna- me dejes desaparecer.
Hay tres canciones y un bucle que hoy llevan muérdago prendido de cada estrofa...
Mi asesina, de Coque Malla
Me miraste desde abajo Te sabías mi canción Preguntaste "quieres algo" Me bajaste el pantalón
No tenías veinte años Ya tenías un millón Me sacaste de mi casa Y he perdido la razón
Soy tu esclavo, soy tu amo soy tu rey o tu bufón soy tu héroe o tu asesino soy tu hombre, soy tu amor
Con tus plumas y tus velas Me metiste en un rincón Como un lobo solitario Que me muerde el corazón
Me has puesto plomo en los pies Y ahora todo está al revés Las estrellas en el suelo Los amigos en el cielo
Eres sólo mi asesina Te busqué toda mi vida Eres sólo mi asesina Eres mi mejor amiga
Te fumabas un cigarro Y me abrías el buzón No tenías un problema Yo tenía más de dos
Me has clavado en la pared mientras cuentas hasta tres disimulas los cuchillos y yo miro tu vestido
Eres sólo mi asesina Te busqué toda mi vida Eres solo mi asesina Eres mi mejor amiga
Y en el baile de la rendición
todo el anhelo, la delicia
de protegerme
otra vez
será real.
Porque estaremos aún mojados
por la lluvia,
y la unión de
tus ojos
y mis ojos será fatal
y perfecta
Déjate llevar, de Coque Malla
Estamos solos
nadie nos mira
nadie vigila
nadie conspira.
Déjate llevar
deja de frenar.
Haciendo planes
haciendo un nido
enamorado
y decidido.
Déjate llevar
deja de frenar.
Tú quieres todo de repente
no tengas prisa
no es tan urgente
y yo sé qué vale aquel bailar
tú sólo déjate llevar.
Bruja del norte
bruja encendida
eres mi casa
eres mi vida.
Déjate llevar
deja de frenar.(x3)
Te sigo soñando, de Depedro
Si alguna vez huí, de mi vida contigo, perdóname cariño, estaba distraído No veía color en esta marea había mucho calor en la frontera Me sigues gustando, te sigo soñando, es ésta la forma que tengo, cariño, de demostrarlo Si todo es mentira, y la mentira soy yo deja que esta vez, te hable con mi valor Siempre te he fallado si me has necesitado, si siempre me perdonas no cambiaré ahora Me sigues gustando, te sigo soñando, es ésta la forma que tengo, cariño, de demostrarlo
Llevaba tiempo viéndola preparase, mirarme, buscarme.
Me llamaba sin palabras, me lloraba sin lágrimas, tratando
de hacerme ver que el vuelo estaba en marcha, que sólo yo podría detenerla, con
mi vida.
Y fingí no darme cuenta. Miré para otro lado. Lo sabía
entonces, lo supe condenadamente, lo sigo sabiendo, lo veo en el pulso agitado,
en el miedo que me hiela.
Y no me levanto; atada a mis dudas infinitas sigo muerta, no
puedo levantar los brazos y agarrarla, no quiero llamarla, ni perderla, ni
llorarla, ni vivirla, ni calmarla.
No quiero con ella, quiero con todas. No quiero conmigo,
quiero con nada, y con todo. Quiero con esta falsa seguridad y con mi
inseguridad a moratones, con mi autoestima autoingfligida. Que me revienten en
el pecho todos los todos, que me insuflen esa vida artificial que ahora es
pegamento.
Aunque luego llore porque no la tengo a ella, a mi golondrina.
Aunque luego llore, y llore, y llore, y llore, y nunca jamás
entienda por qué la dejé ir.
humo verde, agrio, amargo, sucio y maloliente, que apesta
desde aquí.
Es cierto que crece y crece y se vuelve vendaval y me azota
con saña y savia amarga.
Y a este lado de la vida te busco y en cambio, por el otro
me repugnas malamente, a lo grande. En cualquier caso no seré sujeto pasivo-o
sí- de esta oración porque la sintaxis ya me la han conjugado muchas veces, y
ya no me la miro, sinceramente.
Y no quieres ir a la feria, me dices mientras te agarras al
tiovivo y me arrastras, a mí que no me gustan los juegos (ni jugar, ni contarlo,
ni vivir si quiera). Me arrastras y se me suelta el pelo, se me cae la goma, la
moral, se me alaxa la cordura y vuelvo a ser pequeña, traviesa, y sigo siendo
grande, mayor, insegura, reprimida.
Y me bajo del tiovivo arrugada como una pasa, presa,
estanca, verde, agria, sucia, amarga,
y como el humo,
apesto desde aquí.
El viento soplará en tu pelo abriéndote la frente, apenas mostrarás
tus tallos al sol forzudo, hambriento, y ya habré yo deshojado marchitas mis
espinas.
Para entonces no acudirás a nuestra cita, de sobra lo sé yo. Pero esto
que me has hecho…. Esto no te lo perdono. No me lo perdono…
Quizá nunca supiste a dónde ibas,
no lo escuchaste -tan leve- de mis labios,
y vimos a la interperie caer la lluvia,
nos bañamos del sudor de otros, quemándonos
con el hielo del triste poso de los años.
Pero si rozas mi mano ahora desvanezco, amor,
ahora,
como una nube que asciende y asciende suspendida,
que se eleva y que se aleja y exalta
y que a morir siempre vuelve a tu pecho
para nacer de nuevo y mojar tu espalda.
Amapola no escribe porque la llevan estresada sus dos trabajos. Estáis leyendo a toda una responsable de Marketing de nivel PYME, y a una profesora cagada de miedo de ESO. (Nuevo blog, más específico este, para todo aquel que quiera seguir mis clases...A veces publicaré vídeos chulos: www.epvjuliamena.blogspot.com)
Yo antes escribía, a veces hasta vivía...
Ahora me conformo con respirar y seguir acumulando trabajo, trabajo y más trabajo. No me lo toméis a mal porque ya no os comento, a veces ni puedo leeros. Vendrán tiempos mejores...
Porque tú la miras como canela en rama, y la oyes cuando
habla
Y la escuchas caminar
Y también el aire piensa como yo, y sigue el camino que ella
traza y la envuelve y encadena, y no la suelta, y la ama, la ama, la ama, la
ama mientras vuela a su alrededor como una pluma, como la vela de una fragata,
vigilante como un halcón.
Sigo la deriva de las cosas, aún no disparo el arma y más
bien me agacho y escucho, a ver por dónde vienen las balas, por qué flanco me
disparas, a dónde nos lleva todo esto.
Podría haber cantado alto al fuego mucho antes, desde el
primer fogueo, el primer aviso, ese último temblor. Pero acaso es miedo de lo
que no he vivido, tal vez sea un paladar más agrio, más amargo, más maduro.
Quizá el dulce, el algodón, correspondan ya a otra época, a ese viejo par de
muelas con las que ya no tiene sentido masticar una vida boca arriba. Podría
pedir un alto al fuego y volver corriendo a lo que ya conozco, al sueño de algo
más que este frío.
Pero sé que éste, éste de aquí y de ahora, éste es real. Nada
sino este humor helado es lo que puede acariciarme, protegerme, rodearme; escucharme
y seguir, estoico, arrancando de cuajo y uno a uno los segundos, tal vez los
años.
Es cierto, no disparo. Lo cierto es que no disparo,
viéndolas venir. Viendo que tal vez algún día habrán de dispararme, no lo dudo.
Existe la posibilidad.
Pero no disparo,
y eso debe de
significar un algo.
Suena: Hear the noise that moves so soft and low, de James Vincent Mc Morrow
Tal vez ya no haya veneno en el oscuro cajón donde me habrás
guardado, desterrada con las sombras, enjaulada en la garrafa de espinas
maduras que ya no te pinchan, con las que seguro que ya no sangras, a veces.
Tal vez mi nombre ya no se te clave en el pecho y ni me
quieras ni te duela, pero yo sí te busco, muchas, muchas veces. Tu sonrisa
entre la gente, el pecado concebido. Y tu manera de mirarme, te la busco y me la bebo enredándome en tu pelo, en la vorágine de odio, en el frío de este hielo.
Pero sigues ahí, conmigo en cada paso, condicionándome el
aire, dosificándome cada felicidad que pruebo. Mi referente, mi perdido, mi
sueño. El que no pudo ser, del que no me desprendo.
Yo lo vi primero. Lo vi salir corriendo, apartar las llamas con la mano, como un zorro, naranja como un zorro, astuto como un zorro, lleno de llovizna, de serrín, de humo.
Yo lo vi primero, pero si cierras los ojos me acunaré en tu oído para contarte todo lo que está pasando fuera de nosotros. Como si a alguien pudiera,que lo dudo, interesarle.
Suena Montana, de Youth Lagoon
sábado, 11 de enero de 2014
Recuerdo el día que miré el vaso medio vacío, y me di la
vuelta y colgada del techo quise verlo del revés. Y seguía vacío, tan
pesadamente vacío como la primera vez.
Así ha sido desde entonces, llenando de grano en grano esta
soledad, de paja en paja este vacío de protestas, de corsetes, de inseguridad. ¿¿Hay
algún médico en la sala?? Que ya no me quedan fuerzas. Y pensaba que ya me
había perdonado esta osadía, este ir contra el mundo, contra mí. Creía que ya
me había aceptado las tinieblas, que había, por fin, empezado a respirar.
Por qué, entonces, sigo sin ver mi vaso medio lleno, por qué
sin creerme lo que me dices, sin aceptar a los demás. Qué complejo se esconde
en el trasfondo, qué negrura, qué búsqueda errada no me deja avanzar. Por qué
sigo aquí parada en medio de nada, enganchada a esta nada, podrida de entraña a
entraña, luchando contra ti.
Estás a menos de un brazo de mi vida y nos separan años,
años y tapujos, y el miedo a ser lo que me hace ser querer estar contigo. Un
miedo que me hará alejarte una y otra vez, pese a que sé que podría ser
distinto, un mundo distinto, de colores distintos, naranja en cascada, y los
ojos cerrados abiertos como cuervos que al fin echan a volar.
Tan sólo un brazo, una tecla, un latido, y estaría allí
contigo, sintiendo. Bam. Bam. Bam. No me guardes rencor si no me atrevo, si no
soy esa valiente. Al fin y al cabo soy yo a la que se le muere la sonrisa.
Si te dijera por qué he querido acabar contigo no lo
entenderías. Pensarías que es un tren lo que me revuelve la cabeza, que es aire
poluto lo que se me condensa en el alma, y que no sé lo que tengo, ni lo que
digo, cuando a este lado de la vida se me pone el Sol.
Tal vez seas tú el cuerdo, el combativo, pero te mataría una
y mil veces; por una muerte tuya desgranaría palmo a palmo cada una de mis
pieles, negra, empequeñecida. Sorda de odio al mundo, de dolor. Sorda de
cansancio y de estigma, avanzando con la izquierda lo que la derecha
desmantela. Sorda, sorda, sorda de ti y tus espacios, de ti y mi altavoz.
Y no te mataré porque no me atrevo,
hasta que cierre los
ojos, y por primera y última vez al despuntar el día
Fue entonces, en aquel momento, cuando lo vi claro. Ya no
eres una cuenta pendiente para mí. Con todo lo que fuiste, recuerdas? Con todo
lo que fuimos, lo que corrimos para abrazarnos, tú y yo.
Y ya no eres una
cuenta pendiente, lamentablemente ya no me duele nada que tenga que ver
contigo, aunque aún custodio - como un tesoro- un poquito de incomprensión, y mucho de palomas sin las alas rotas.
El tiempo que tengo no quiero llevármelo a ningún sitio,
nunca lejos de aquí, de estas manos, de la cornisa de mi ventana, de las
cavilaciones. No quiero arrancarlo, llevarlo a rastras, luchar contra él. Por
eso me muevo, hacia dentro y hacia fuera, estirándome a ambos lados, intentando
abarcarlo, hambrienta, para que nunca se vuelva contra mí.
He estado fuera, fuera de mí misma, buscando un quién poder
ser que me encajara sin tener que meterle mucho a las costuras. Un quién que no
fuera de barro, ni de azúcar, ni de hielo. Firme, volátil, con la boca cerrada
y el rabo hacia fuera, no lo quiero ya más entre las piernas.
Quizá aún no he vuelto, pero nunca paro de volver.
(...) Y siempre te llevaré a mi lado, comparándote hasta con el aire, para que
siempre salgas tú ganando, y siempre pierda yo. Suena: You could be happy. De Snow Patrol.
Ella nunca se lo dijo, aunque lo sabía desde el principio.
Se lo calló porque las verdades duelen en la boca, porque la realidad ahúma los
ojos y aprieta el esternón.
Se lo calló y partió en trocitos la comida. Tragó. Tomó de a
sorbitos la bebida. Y siguió. Recogió los pedazitos cuando él se dio la vuelta.
Los escondió.
Y se sentó junto a él en el sofá, como todos los días, en perpetuo
estado de descomposición. Le acarició el pelo, le tembló la voz. Mañana, tal
vez. Mañana nos irá mejor.
Yo tenía un pajarito. Un pajarito bien atado, entre mis
manos.
Y no lo quería, lo solté. Lo solté y ahora lo extraño. Extraño
el pico, me pesa el vacío, el oleaje. Me pasa el alma, la desidia, la cuestión.Y nada es bastante. A veces el odio. Otras
el temor.
Pero nada es bastante, ni siquiera el oleaje. Porque extraño
lo que tuve, ansío lo que no viene, rechazo lo que tengo. Dónde están las
amapolas. Dónde queda la sorpresa, tu pico, el trazo, la espera, el carbón.
Ojos de perro azul por la ventana, arrojados sin paracaídas,
sin parapente, a lo bonzo casi. Temerarios. Ojos de perro azul por todas
partes, quemando el cielo y volviéndolo azul raído, azul ceniza. Ni siquiera
azul, en realidad.
Llegó al páramo oscuro y para cuando subió a la cumbre no
encontró la dulzura de la voz. No le dio importancia y plantó en su lengua
piedras, y habló, y habló, y habló. Tenía tanto que decir, tanas ganas de hacer
justicia.
Rodaron por la loma y abrieron las compuertas con su peso
todas y cada una de las piedras, y se fueron a arrasar los campos. E hicieron
justicia. Encendieron la pira y no se salvó ni uno de los herejes, ni uno. No
se salvó tampoco la dulzura, ni la voz.
Y ella se encontró de golpe desnuda en el páramo,
titiritando de frío, esperando que pasara algo. Una venganza. Una queja. Algo.
Que le volviera la voz al cuerpo, tal vez. Que le
volviera la vida en éxodo, que la vistiera y la sacara de allí, corriendo.
Una excusa (una razón) para tener que resignarse y empezar
de nuevo.
Creíamos tener el mundo bajo control cuando teníamos las
piezas. Jugábamos a darles forma y derribarlas, y volver a darles forma, y
forma, y forma, deshaciendo reglas, componiéndolas. Y siempre hubo consenso
entre tú (esa tú), y yo (esa yo), que ahora resulta que ya no
somos, que nunca fuimos en realidad; que al parecer sólo éramos polvo, y aire,
y nada, y nada ha quedado ahora entre esta tú y esta yo.
Si tú dices que nunca existimos, entonces de acuerdo. No
lo hicimos. Y me llevo mis desaires, tus desplantes y los no recuerdos a donde
no puedas ni verlos. Pero si algún día te acuerdas de mi nombre, recuerda
también que una vez me rompiste el corazón.
Y que sigo, aún, sin entenderlo.